Ciudadanos Emergentes… Hablemos de dictaduras…

Cuando decimos que el miedo tiene que cambiar de bando también deberíamos decir que el entusiasmo tiene que cambiar de bando.

By: Lic. Arturo Ismael Ibarra

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Hay una frase de Antoine de Saint-Exupery que decía que «si quieres construir un barco, no hay que empezar por reclutar tripulación, cortar maderas y poner velas, sino que hay que crear en la gente anhelo de mar».

Cuando decimos que el miedo tiene que cambiar de bando también deberíamos decir que el entusiasmo tiene que cambiar de bando.

Si ese entusiasmo por el cambio se contagia a la gente normal y se hace consciente de que tiene que empoderarse en los barrios, en los pueblos y en las ciudades, podrá servir de algo.

La clave de un grupo político no es sólo ganar las elecciones sino que la gente entienda que la democracia tiene que ver con el poder de la gente que se practica todos los días y eso pasa por la ilusión y por el hambre de mar.

Que el mundo está más revuelto que nunca no es un secreto para nadie. Guerras enquistadas, Primaveras Árabes que han evolucionado, informaciones secretas que dejan de serlo por cargo de conciencia, hambre, miseria, desempleo, y los Mercados impunes a la sombra del FMI y otras siglas que en el fondo significan lo mismo: “yo soy el poder económico, y tú, obedecerás”.

Mientras tanto, Democracias “legítimas” por el sufragio universal presionan a sus pueblos para que estén calladitos, sentaditos, tranquilitos, aceptando sin chistar todo lo que viene del Estado “democrático” en forma de un nivel de vida paupérrimo, traducido en desempleo, menos educación, menos salud, menos vivienda, menos, menos, menos, menos…

Pero grandes preguntas cuestionan la legitimidad de una Democracia cuando no es capaz de aumentar o mantener el bienestar y la justicia de sus ciudadanos. ¿O para qué fue elegido el presidente X?, ¿Es legítimo advertir una elección Democrática como escudo o causa para aplastar al pueblo, su derecho universal a protestar, opinar a discutir? Sólo por decir que mi gobierno es Democrático no hará que ocurran decisiones democráticas.

Advertir que fui elegido democráticamente no exime no cumplir el programa electoral por el que los ciudadanos compraron el proyecto, o lo que es lo mismo, no tienes libre derecho para hacer y deshacer en nombre de la Democracia. ¿Es democrático transformar una Democracia en otra cosa?

Tras leer a Maquiavelo  que hablaba del poder como un centauro: la parte animal, la parte coercitiva del Estado; y la parte humana, la del consentimiento, que tiene que ver con la producción ideológica.

Que el mundo está más revuelto que nunca no es un secreto para nadie. Guerras enquistadas, Primaveras Árabes que han evolucionado, informaciones secretas que dejan de serlo por cargo de conciencia, hambre, miseria, desempleo, y los Mercados impunes a la sombra del FMI y otras siglas que en el fondo significan lo mismo: “yo soy el poder económico, y tú, obedecerás”.

Si la muerte no reconoce ideologías, las dictaduras tampoco. De derecha o izquierda da lo mismo, cuando quien está en el poder se lo queda por más de 50 años y hace de la persecución ideológica, la prohibición de opositores o las restricciones a la libertad de prensa una marca registrada de su gobierno. Se llame Augusto Pinochet o Fidel Castro. Si vamos a la historia y a las estadísticas, sin lugar a dudas ha sido el comunismo, debido a la cantidad de dictaduras comunistas versus las dictaduras derechistas, que siempre han durado menos.

Hitler, de ultraderecha, masacró cruelmente a 6 millones de judíos, Stalin tiene el récord de ser el segundo dictador más asesino del planeta, con 18 millones de muertos, detrás de Mao Zedong con 70 millones.

Usualmente se distingue entre dictadura y sistema totalitario, aunque ambos son sistemas autoritarios donde la oposición a la élite gobernante no tiene posibilidad de cambiar el gobierno o ella misma constituirse en gobierno.

Toda dictadura es negativa. ¿Qué parte del espectro político (derecha o izquierda) ha azotado con las peores dictaduras?

Una dictadura canónica es un sistema donde una persona (apoyada por un grupo de partidarios más o menos relacionados personalmente con esa persona) es la máxima autoridad incuestionada y tiene posibilidad de veto sobre las decisiones de cualquier otro grupo de poder.

En ese sentido las monarquías absolutas europeas y asiáticas de  la Edad Media, Edad Moderna y Contemporánea son un ejemplo de dictadura. De hecho, a mí Korea del Norte me parece más una monarquía comunista que otra cosa.

Los sistemas totalitarios están formadas por algún tipo de Estado de Derecho totalitario donde si bien existen códigos, leyes y reglamentaciones están asociadas a un único partido o red clientelar gigantesca fuera de la cual prácticamente no existen espacios de poder (esa red, partido u organización tiene el poder total o casi total, de ahí su nombre).

Luego está la idea de izquierda-derecha. En un totalitarismo de derechas la igualdad no es un objetivo perseguido, deseado o promovido, por el contrario se exaltan valores virtudes individuales y en general son conservadores. El totalitarismo de izquierdas, bajo la búsqueda de una pretendida igualdad, frecuentemente degenera en uniformismo y conformidad al orden establecido.

Yo creo que históricamente los totalitarismos de izquierda (o de derecha) fueron raros hasta el siglo XX, siendo lo más abundante las monarquías teocráticas y conservadoras. Aun suponiendo que pudiéramos aplicar sin problemas la distinción izquierda-derecha a los sistemas políticos de antes de 1789, estos sistemas si acaso encajarían en la derecha, porque en modo alguno promovían el uniformismo, ni mucho menos el igualitarismo.

Toda dictadura es mala, de derecha o de izquierda igualmente malas son, los de derecha son asesinos los de izquierda matan a los pueblos de hambre o de ausencia de servicios. Ha habido dictaduras como la de Estrossner en Paraguay, la de Pinochet en Chile, la de Chávez en Venezuela la de Noriega en Panamá, la más larga de todas fue la de Fidel Castro en Cuba.

Gabriela Calderón de Burgos explica que «Democracia y dictadura no son antónimos. De hecho, pueden co-existir. Una democracia en el sentido literal es aquella en la que el gobierno resulta de una elección popular. Este elemento por sí solo no garantiza las libertades de los individuos y es posible que resulte en un absolutismo o autoritarismo».

El politólogo Giovanni Sartori explica que “La división de poderes y el respeto a la ley son adquisiciones del Estado liberal-constitucional. Por lo tanto, una democracia ‘pura’ (que no sea ni liberal ni constitucional), puede muy bien convertirse en absoluta: la hipótesis de un ‘absolutismo-democrático’”.

El filósofo Bertrand De Jouvenel en su obra Sobre el poder incluso dedica un capítulo a describir “La democracia totalitaria”. De Jouvenel explica la “ficción democrática” así: “no hay institución que permita que cada persona participe en el ejercicio del Poder, por la sencilla razón de que éste es mando y todos no pueden mandar.

La soberanía del pueblo no pasa de ser una ficción; una ficción que a la larga no puede menos de destruir las libertades individuales”. La ficción democrática, agrega De Jouvenel, es la que le confiere a los gobernantes la autoridad sobre todo y “Mientras proclama la soberanía del pueblo, la limita exclusivamente a la elección de los delegados, que son los que tienen el pleno ejercicio de la misma. Los miembros de la sociedad son ciudadanos un solo día y súbditos seis años”.

Pero volviendo a la falsa dicotomía entre dictadura y democracia, consideremos cómo Sartori define a la dictadura: “una forma de Estado y una estructura de poder que permite su uso ilimitado (absoluto) y discrecional (arbitrario).

El Estado dictatorial es el Estado inconstitucional, un Estado en el cual el dictador viola la constitución, o escribe una constitución que le permita todo. Por un motivo u otro, el dictador es legibus solutus [libre de ataduras legales]”.

Todo esto no es para perder fe en la democracia como un mecanismo pacífico para asegurar la alternancia en el poder. El filósofo Karl Popper explica en su libro La sociedad abierta y sus enemigos que para que la democracia funcione (léase que garantice la sociedad abierta) sus principales actores deben exigir que “los poderes de los gobernantes deben ser limitados” de tal forma que puedan, entre otras cosas, ser removidos por los gobernados sin que corra sangre.

Popper agrega que uno podría simplificar las cosas distinguiendo básicamente entre dos tipos de gobiernos: los que tienen instituciones que limitan el poder y permiten la remoción pacífica de los gobernantes (democracias) y las tiranías.

Finalmente, Popper dice que “Es hora de que aprendamos que la pregunta de ‘¿quién debe ejercer el poder del Estado?’ importa poco si se la compara con la pregunta de ‘¿cómo es ejercido el poder?’ y ‘¿qué tanto poder se ejerce?’” Debemos aprender que a largo plazo todos los problemas políticos son problemas institucionales, problemas del marco legal en lugar de las personas, y el progreso hacia más igualdad puede ser asegurado solamente mediante el control institucional del poder”.

Dicho de otra forma, el problema no es quién gobierna sino cuánto poder estamos dispuestos a darle y cómo le permitimos que lo ejerza. Nuestra experiencia indica que hemos sido peligrosamente generosos y permisivos.

Arturo Ismael Ibarra Dávalos. Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Catedrático de la misma. Preside la asociación civil Bien Común Michoacán y la sociedad civil Por la Mejora en el Ámbito del Trabajo (Laborissmo). Es Secretario General del Foro Política y Sociedad.

 

Correo electrónico de contacto arturoismaelibarradavalos@hotmail.com

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