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Relatos de noche sin luna: TED

Escribe: Héctor Medina

                                                                                                                                              Marzo de 1977.

¡Hola!

Mi nombre es Ted y soy un asesino más que por diversión por naturaleza. Disfruto arañar y cercenar, tengo una colección de cuchillos que te quiero mostrar; uno para cada parte del cuerpo. Mi favorito sin duda es aquel con el que mutilo los dedos de las manos.

Padezco de una insana necesidad de sentir la sangre tibia sobre mis manos, recorrer mi pecho hasta que se ensucie mi blanca ropa mientras mis pupilas se dilatan ante ese maravilloso rojo carmín digno de una buena celebración.

Debo confesar que elijo al azar, nunca hay alguien premeditado, sea pobre o rico, joven o anciano, cualquier cuerpo es precioso no soy delicado, soy un virtuoso obsesionado con mi arte. Si la victima me agrada lo asesino inconsciente, para divertirme sin que sufra. Si en cambio el elegido me inflama la vesícula, lo despedazo lentamente mientras sigue siendo dueño de sus sentidos, para que pueda disfrutar de mi labor mientras grita enloquecido pidiendo auxilio o quizá misericordia.

A veces les cubro la boca y los deleito escuchando a Paganini, de no hacerlo así no prestarían atención a la sagrada música del violín. Yo bailo, sonrío y disfruto mientras afilo mis cuchillos al compás de los caprichos que ejecuta el maestro “violinista del diablo”.

Les extirpo primero los ojos procurando siempre que no se desmayen, amo el suspenso, el que no sepan que parte de su cuerpo será la próxima en abandonarlos. No siempre guardo un orden, una pierna, una oreja, un brazo, lo que me vaya provocando yo voy mutilando; sea la parte que sea terminara tirado sobre el plástico de mi alfombra.

Debo confesarte que una vez mate a un chico… me gustaba tanto como tú, hizo mucho ruido y sus gestos de sufrimiento llegaron a excitarme, con justa razón dicen que el amor duele, pero afortunadamente pude superarlo al pasar los días; fue tan dulce, tan efímero como el tiempo en que tardo en dejar de respirar.

Pensaras que estoy un poco loco, pero si supieras el placer que me produce ver las caras de angustia, me comprenderías. No discrimino el género ni la edad, ni siquiera estatus social, pues me enseñaron que todos somos iguales y que tarde o temprano moriremos; yo solo adelanto el proceso, soy digamos la hoz, la herramienta de la muerte.

No temas, hoy no tengo ganas de matar, solo quiero uno de tus miembros rebanar y aunque te deseo tanto quiero decirte te escondas o cambies de ciudad no lograras escapar de mí. Sábete que conozco todo, tu rutina y la de tu familia, sus nombres y otras cosas; te he estudiado desde hace meses. Soy la sombra que asesina, cuando tú duermes tranquilo, que una tarde o una noche tendrá el placer de admirar tu cuerpo colgando bajo mi techo.

Así que si en algún momento sientes que te siguen o vigilan, no te sorprendas, estoy esperando el momento exacto para secuestrarte y mis navajas mostrarte, hasta que tu sangre manche mi piso y deba limpiarlo todo de nuevo feliz por haber coincidido. Y empezare todo otra vez, quizá con algún otro extraño que sacie este perturbado amor por este rojo apetito.

Enloquecidamente tuyo: TED.

Pd. No alertes a la policía, intervine los teléfonos.

*Héctor Manuel Medina es músico, escritor, cantautor y un enamorado empedernido de la luna.

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