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Rebelde a los 15… ¿Cuánto tiempo llevas en el celular? Parte dos

By: Itzia Ramos

ITZIA

Cuando tenía 10 años, me regalaron mi primera tableta. En ese tiempo también abrí mi primera red social, Facebook. Estas dos condiciones completamente cambiaron mis ratos libres (no, no estoy exagerando.)

Hice unas estimaciones muy vagas sobre el tiempo que he pasado desde entonces frente a una pantalla, aumentando paulatinamente el tiempo. Llegué a la conclusión de que es más o menos equivalente a que si por 10 meses no me hubiera despegado ni un segundo. Por comparación, hice unos cálculos parecidos para ver cuanto tiempo me he pasado durmiendo y fueron 17 meses.

Comencé a notar que dependía mucho de la tecnología para mi día a día, más que nada usándola para redes sociales. Lo irónico es que sólo tengo tres: Facebook, WhatsApp y YouTube, por miedo a que acapararan la mayoría de mi tiempo (sí, dije sólo tres, ¿qué loco, no?) Pero aquí estaba. Y no era solo eso, había comenzado a sentir varios de los efectos físicos y mentales que su uso excesivo traen.

Con estos datos, tomé una decisión. El primero de diciembre le pedí a alguien más que cambiara mi contraseña de mi Facebook y no me la dijera, desinstalé YouTube y WhatsApp de mi teléfono y listé todo lo que quería hacer pero sentía que no tenía el tiempo.

Y así, llegué a mi mes sin redes sociales.

¿Obtuve poderes mágicos? ¿Una calma inmensa llegó a mi ser y comprendí secretos del Universo que no habría podido en otras circunstancias? ¿Cambié completamente mi manera de relacionarme conmigo y las personas a mi alrededor?

No, en realidad no. Mi vida fue básicamente la misma, sólo encontrando diferentes pasatiempos (varios todavía usando un dispositivo electrónico) digo, estoy escribiendo esto en una computadora, dense una idea. Desde retomar el francés hasta listar mis cien canciones favoritas, tuve que ser creativa.

Me tomó unos días acostumbrarme; toda la primera semana, soñaba que descargaba la aplicación y comenzaba a responder mensajes. Mi teléfono vibraba y mi corazón daba un saltito de emoción, pero UNO TV no hace buenas conversaciones.

Me sorprendió ver, con estos lentes de tercera persona, lo mucho que estamos pegadxs a estas plataformas. Demasiado. Era incómodo estar en una mesa donde era la única sin ver una pantalla y no tuviera nadie con quien hacer conversación (muy común, también). Mi puntuación en Flappy Bird aumentó, no lo niego.

No fui perfecta. Hubo días que me las seguí pasando pegada a una pantalla, y otras donde nunca la toqué. No cumplí mucho de lo que quería hacer, y eso está bien.

Aprendí que está bien perderse ese vídeo, ese post, esa actualización. Que no es necesario estar siempre al día de todo lo que está pasando en el mundo. Y sin las distracciones que esto me daba, tuve que hacerle frente a cosas que seguía postergando y sabía que debía hacer. Y las hice. Tuve conversaciones, momentos con personas con quienes convivía todos los días pero pocas veces había escuchado de verdad, con toda mi atención. Hubo quienes encontraron la manera de interactuar conmigo aunque fuera por otro medio…y, curiosamente, volví a pasar tiempo sola (de verdad).

Cuando el primero de enero regrese a estas plataformas, no quiero hacerlo como antes. Tal vez regule mi tiempo y sus propósitos, no lo sé. No puedo negar que se han convertido ya en un requisito en esta sociedad, empero, esta experiencia me enseñó que no hay una sola manera de usarlas.

Para concluir, con todo y todo ¿recomendaría tomarse un descanso como este?

Mi respuesta es sí, a menos que tu trabajo dependa de ellas. No será la cura de todos tus males (a veces tengo insomnio: no se ha ido, el estrés menos, esto no hace milagros) mas la disfrutarás. Probablemente. Y si no, por lo menos aprenderás algo de ello. Así que apaga ese celular, vive la vida fuera de una pantalla un rato, será divertido.

¡Feliz Año Nuevo!

Itzia Ramos, estudiante de preparatoria. Ferviente defensora de la libertad y de las pasas en los platillos navideños. Escribe poesía en sus tiempos libres

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