#Morelia HDTSPM! Roban A Puesto De Abuelita De 84 Años En El Bosque

“Dulces y refresco fue principalmente lo que se llevaron, me dejaron el puesto vacío, ahorita acomodé lo poquito me dejaron”: Doña Catalina.

STAFF/ Eliza Flores @eliz_ffp

“Hoy llegué y mi puesto estaba abierto, forzaron la chapa, tiraron la puerta, se llevaron todo” fueron las palabras de la señora Catalina Díaz Reyes, una abuelita de 84 años de edad que trabaja en uno de los puestos del Bosque Cuauhtémoc, y el día de hoy amaneció violentado y sin mercancía. “No se vale que nos hagan esto a los que menos tenemos, ya no se vende, debo mucho dinero de la mercancía se llevaron, no le hago daño, ni me meto con nadie” dijo entre lágrimas.

Los comerciantes del bosque suelen tener mercancía a consignación, por lo que este robo representa un quiebre total para la señora que todos los días sale a trabajar, cuenta con tristeza y frotándose los dedos de sus manos “Yo quedé viuda hace cincuenta años, vender dulces fue lo más fácil para mí, así pude criar y sacar a mis hijos adelante, tengo esos mismos cincuenta años trabajando en este lugar y hoy me encontré con que me dejaron sin nada”.

“Voy a necesitar como mil pesos para poder arreglar mi puerta, ¿de dónde los voy a sacar si no hay nada de venta?, los estudiantes ya no vienen, nadie me compra, no vendo mucho, a veces sólo me alcanza para frijoles y tortillas, mis hijos o mi nieto me traen de comer mientras Yo estoy aquí trabajando, el puesto es mi vida” continuó diciendo la señora Catalina mientras sus ojos se volvían a llenar de lágrimas.

El puesto se ubica en la glorieta del quiosco del bosque, y la mayoría de los negocios están cerrados por la mañana, debido a que sus compañeros comerciantes llegan más tarde. Ella es la primera en llegar a trabajar, antes de las nueve de la mañana ya está acomodando su mercancía.

Refresco, dulces y frituras es de lo que se sustenta, la poca afluencia de personas en el área no la desanima a salir a vender, sin embargo comentó que ella vive de los estudiantes de medicina, de los jóvenes que salen de la facultad de odontología y derecho que van a comprarle “aunque sea agua o galletas”, tiene la costumbre de llegar temprano para poder aprovechar estas ventas, pero desde que comenzó la pandemia su vida ha cambiado mucho.

Cada vez más el bosque Cuauhtémoc es un lugar inseguro en Morelia.

“Estuve cuatro meses sin trabajar, encerrada, mis hijos me cuidaron y alimentaron, pero Yo no estoy a gusto, no estoy acostumbrada a eso, yo por eso trabajo, para mí, a mí me da pena pedirles algo, como le digo tengo cincuenta años aquí, todos los días vengo y hasta mi último día de vida estaré en mi puestito”, Doña Catalina con voz tierna cuenta lo mucho que le gusta su trabajo, mientras habla de las cosas que le gustan, olvida el dolor que le causó el robo a su negocio, sin embargo cuando recuerda que aún debe la mercancía robada sus ojos de nuevo se vuelven rojos y brotan las lágrimas.

Espera que la sociedad se una para ayudarla, “necesito una chapa buena para mi puesto, para que no me vuelvan a robar, un herrero porque me tiraron la puerta, a veces me donan dulces, pero hasta esos se llevaron”, dijo. Entre sus pocas ventas, las deudas que tiene, el apoyo de sus hijos y algunas personas que la conocen espera poder asegurar su carrito de dulces para que no le pase de nuevo.

“A mi vecina, la señora de la esquina una vez le prendieron fuego a su puesto, por las noches aquí en el bosque está bien feo, da miedo quedarse, por eso me voy antes de las seis de la tarde, hay muchos vagos y drogadictos, la gente viene aquí a hacer cosas que no, hasta la policía tiene miedo de entrar aquí en las noches”, expresó sin esperanza.

Los comerciantes todos los días se retiran con la zozobra de no saber si al día siguiente encontrarán sus puestos como ellos los dejaron.

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