“Sí se puede”/ By @Oswaldisimo
Esa oración con la que el Gobierno Federal nos ataca en su spot televisivo a mañana, tarde, moda y noche me llama poderosamente la atención por los argumentos y falacias que menciona. Aquí el spot publicitario para que le eche un ojo.
“¿Sí se puede o no se puede?” De poder se puede todo, ¿se puede qué? Sabemos que los largos brazos del gobierno mueven hilos muy oscuros. La oración es el prolegómeno de una larga lista de reformas que el Gobierno Federal pretende imponer sin la consulta ciudadana, ¿cuándo nos han pedido permiso? Así veremos el sí se puede de la Reforma Educativa o la Reforma Energética y las reformas que vengan y harían palidecer al mismísimo Benito Juárez con su tez guadalupana; pronto nos convertiremos en una potencia mundial, que será inevitable, a un costo altísimo. Sin embargo, el spot utiliza argumentos que dejan mucho que desear.
No pretendo analizar el spot con el ojo del politólogo, porque no lo soy; ni tampoco desde el ojo “crítico” del político, porque tampoco lo soy; ni mucho menos desde el analítico ojo del sabiondo tipo “Foro TV”. Es más bien una visión desde el ojo natural y genérico del mundano ciudadano, de ése que va al súper y cuenta las monedas, de ese ojo que tiene que decidir entre ir a trabajar o a la escuela en auto, porque la gasolina está muy cara y el transporte igual; de ese ojo que vota y lo botan, del ojo con credencial IFE sin poder y que sólo sirve como cédula de identificación, desde el ojo que se quedó con las ganas, que se volvió conformista y le robaron los sueños. Porque somos en éste México-Tenochtitlan, víctimas y victimarios, también cómplices, pero con menos dolo que con el actúan nuestros gobernantes. Desde la República Oligárquica Mexicana, así es como veo las cosas, desde mi muy general y existencialista ojo, y muy particular y nihilista visión.
“En México hay pobreza. Entonces no se puede. Pero tenemos una fuerza de trabajo con la grandeza de las más poderosas del mundo. Entonces sí se puede.” ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Donde hay pobreza, no hay educación y donde tampoco hay personas con educación, hay desempleo. El argumento del spot nos dice claramente que pongamos a trabajar a los pobres. ¿En qué? ¿En dónde? ¿De qué? ¿Educando a nuestros hijos para que tengan mejores oportunidades? ¿Quiénes los van a educar? ¿Los maestros o los sindicatos? Los maestros han dejado de serlo para convertirse en vándalos y terroristas políticos. Mientras que los pobres no puedan acceder a mejores oportunidades y dejar de buscar el sueño americano, para convertirse en la fuerza de trabajo que el Gobierno Federal necesita, ¡no se puede! Bienaventurados los pobres, porque ellos heredarán los errores de sus gobiernos; entonces, ¡sí se puede!
¿Ellos son la futura fuerza de trabajo?
“Nuestros estudiantes califican por debajo de otros países. Entonces no se puede. Pero tenemos premios nobel. Entonces sí se puede.” Ése argumento es muy engañoso dice mi ojo interno. Tenemos tres premios Nobel en el país de La Esperanza y la megalópolis de las oportunidades: en 1982, Alfonso García Robles, premio Nobel de la Paz y ¡zaz! Pues que la paz sea con ustedes, porque aquí desde la chinampa hasta un millón de metros cuadrados de territorio nacional a los cuatro vientos, la paz es algo que se come con sueños guajiros y comulga con la ignominia. Hasta donde su ojo interior llegue, ¿usted considera que somos un país donde hay paz? Entonces, ¡no se puede! Hubo Paz, un Octavio muy condecorado que obtuvo el segundo premio Nobel y de Literatura en 1990; un premio en letras para un país con algunos de los gobernantes más ignorantes del planeta; o a poco porque Octavio Paz recibió el premio, ¿significa que todos sabemos leer? Libros de texto con errores ortográficos, ¡debería darles vergüenza! A mí no me da, porque yo no los redacté, ¿por qué cargar con culpas ajenas? Entonces, ¡no se puede! Y el tercer premio Nobel de Química en 1995, fue para Mario Molina. ¿Y dónde está el beneficio? Entonces, ¡no se puede! Bienaventurados los países del Tercer Mundo que tienen premios Nobel, porque ellos representaran todos los sueños de ese Estado. Entonces, ¡sí se puede!
“Casi siempre perdemos en penales. Entonces no se puede. Pero hoy somos campeones olímpicos. Entonces sí se puede.” Pretender que once futbolistas representan el nivel deportivo de más de 112 millones de mexicanos, me parece muy ostentoso y de muy poca credibilidad argumentativa. “»La verdadera gloria echa raíces y se expande; las vanas pretensiones caen al suelo como las flores. Lo falso no dura mucho.» Sabias palabras de Cicerón. ¿Todos los días sale a la calle rumbo a su trabajo o escuela henchido de orgullo olímpico? O ¿Sale con la esperanza de no caer un fuego cruzado? Cuando tiene que pagar la luz, el agua, el teléfono, las colegiaturas, los útiles y el gas, ¿lo hace pensando en el medallero olímpico? Cuando ve a sus hijos regresar de las escuelas sin maestros, usted se dice: ¿Ahí vienen las futuras estrellas del olimpismo? Entonces, ¡no se puede! Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos tienen el fútbol para paliar sus miserias. Entonces, ¡sí se puede!
“Fuimos capaces de construir una de la ciudades más grandes del mundo sobre el agua, la Ciudad de México. Entonces sí se puede.” ¿Fuimos quiénes? Ni que fuéramos banqueros venecianos. De nuevo ese orgullo apócrifo de la grandeza Azteca, más bien Mexica. Ellos fueron, nosotros no. ¿Y dónde quedó la bolita? Como en el juego de azar. El agua es un bien nacional que viene en botellas de plástico y de reservas cada vez más escasas. Diría el nazareno: ¡Tengo sed! ¡A qué los hijos de Aztlán de veinteava generación! ¡Cómo chilla la niña! Un puñado de mestizos tan profundamente nacionalistas y patriotas sangrándose los labios de morder orgullo prehispánico, mientras que los verdaderos herederos de sangre indígena no tienen agua, ni grandes ciudades, ni orgullo, ni dignidad. Entonces, ¡no podemos! Bienaventurados los que construyen ciudades sobre el agua, porque ellos serán saciados con el lodazal de sus gobiernos.
“Tenemos riquezas que otros no tienen.” ¡Claro! Acumulada en unos pocos y cada vez más ricos. “Tenemos petróleo, plata, bellezas naturales. Entonces sí se puede” Petróleo que por falta de infraestructura exportamos y nos regresa procesado que pagamos con nuestro salario mínimo, incluyendo los consumibles, viajes y artículos de lujo de las familias de los dueños de PEMEX. Entonces, ¡no se puede! ¿La plata? Bueno, para no parecer desagradecido, acá entre nos, tengo unos aretitos muy monos, pero tenemos a Fernando Platas, pero no para siempre. Entonces, ¡no se puede! ¿Cómo belleza natural cuenta la Guadalupe Jones? Entonces, ¡no se puede! “Tenemos las ideas y las ganas para transformar al país. Entonces sí se puede.” Ideas pues sí tenemos, sólo que con la fuga de cerebros no se quedan en el país y en ésta cubeta de cangrejos, pues, ¡no se puede! ¿Y de ganas? ¿Cuánto ganas? ¡Chale! Entonces, ¡no se puede! “Tenemos la energía, tenemos el compromiso para mover a México. Entonces sí se puede.” Pero si somos un país de obesos. O, ¿de cuál energía hablan? Y con el sistema de salud tan enfermo, difícilmente podemos mover a un país. “Somos México, tenemos una firme convicción. Entonces sí se puede.” ¡Ay, ajá! Responderé a ese último argumento con una frase de Fernando Vallejo: “Cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver 22 adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas.” Entonces NO SE PUEDE.
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