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Saliendo del clóset… ¿Y Las Lesbianas?

 

By: Raúl Martínez

RAÚL

Aunque regularmente hablamos de población LGBTTTI o de diversidad sexual, con la intención de dejar de hablar solo desde lo gay sigue siendo necesario nombrar, visibilizar a todos y cada uno por separado, En los últimos años la visibilidad gay se ha disparado; artistas, políticos, escritores, maestros y hasta algún militar han hecho pública su condición de homosexual. Los hombres gay existen y cada vez son más numerosas sus apariciones en el contexto público. En contrapartida, ¿Dónde están las lesbianas? resulta una cuestión compleja. Más allá del continuo planteamiento interno de los movimientos sociales, la pregunta se vuelve insidiosa cuando nos volteamos la mirada a nuestra historia tratando de recuperarla. Pero inmediatamente nos encontramos con que desde siempre la mujer fue dejada de lado. Por otra parte, nos topamos con que suele afirmarse, no sin razón, que es imposible trasladar nuestras actuales concepciones sobre la sexualidad a sistemas culturales del pasado, con sus propias fundamentaciones diferentes a las del presente. Bien es cierto que no es del todo lícito hablar de bisexuales en el Barroco, de gais en la Edad Media, de transexuales en el siglo XVIII o de lesbianas en la Antigüedad. Pero también es verdad, y parece que lo hemos olvidado, que nuestras etiquetas, recogidas en las siglas LGBTTTI, son nociones nacidas con la pretensión de ser políticas y que, de un modo u otro, con mayor o menor acierto, cuando hacemos historia también estamos haciendo política.

 

Sería más sencillo de este modo encontrar lesbianas, avant la lettre, si buscamos a lo largo de la historia, simplemente, mujeres que amaron o desearon a otras mujeres. Y así hallaremos que el lesbianismo es una constante en la humanidad, que se remonta muchos años antes de que la conocida Safo abriera su escuela en Lesbos. Ya con el comienzo de la historia, en la Mesopotamia que redactó el Código de Hammurabi hace casi cuatro mil años, aparecen las ‘salzikrum’, las ‘hijas-varón’, que podían no solo heredar el patrimonio familiar, a diferencia del resto de mujeres, sino que les estaba permitido tomar una o varias esposas. Tiempo después la Biblia recoge la historia de Nohemi y Rut, que le dijo a aquella «no me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Ruth, 1:16); y aunque este amor bíblico fue olvidado por el derecho medieval para imponer sus penas a las mujeres que amaban a otras mujeres, también entonces las hubo padeciendo la tortura por ese amor que hoy llamaríamos lesbianismo. Incluso una mujer célebre, santa y doctora de la Iglesia, quiso escribir con exacerbado afecto cartas a algunas monjas de su congregación. Podemos decir que Teresa de Ávila fue lesbiana porque, a pesar de lo impropio del término y de la presunción de castidad de la escritora, quedan suficientes testimonios de sus afectos para comprobarlos.

 

 

¿Dónde están las lesbianas? Siempre han estado, desde siempre. Quizá el problema es que queremos verlas como los hombres, con privilegios que no otorgamos, en espacios que no cedemos, en políticas que no permitimos, quizás hemos formulado mal la pregunta. Primero, porque no forman parte del imaginario histórico, es decir ni en Mesopotamia ni en ningún otro momento, hasta hace unas décadas, hubo ‘lesbianas’ en sentido estricto. Pero sorprende que la etiqueta ‘gay’ sea tan flexible y pueda aplicarse de forma más o menos libre a o no si siquiera aplicarse, por ejemplo, Lorca o Juan Gabriel, o el mismo Monsiváis que jamás utilizaron el termino para describirse o nombrarse, pero que todos sabíamos que ahí estaban. Y, en segundo lugar, tampoco resulta válida la cuestión porque la formulo yo, un varón gay -aunque enfadado de esta etiqueta-, y para preguntar parto de un sistema de pensamiento que, aunque me es propio, no tiene por qué ser compartido por las mujeres lesbianas. Las hay hoy luchando por sus derechos, las hubo hace siglos disfrutándolos o padeciendo su ausencia. Pero la única respuesta que puedo asegurar a la pregunta ¿dónde están las lesbianas? es “ellas lo saben, se organizan, mueven el mundo, nos mueven, inciden de modos distintos, a nosotros como varones llenos de privilegios no nos queda más que acompañar y apoyar.

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