Reflexiones desde mi silla… Mis travesuras con los Caciques

“Cuando el filósofo calla, la humanidad retrocede”

By: José Salomón García Moreno

Salomón

En las comunidades indígenas de Capacuaro, de San Bartolo Cuitareo y en la Comunidad ejidal llamada Zirapitiro o el venticinco, del Municipio de Buena Vista Tomatlán sucedió una serie de circunstancias similares; pero por las consecuencias comentaré sólo la que me ocurrió en el Venticinco. Llegué a las diez de la mañana a iniciar la asamblea general de ejidatarios, le expliqué el motivo de mi presencia, comunicándoles que partiriamos parcela por parcela, de acuerdo al polígono que me habían facilitado, para confirmar el estado y el usufructo de cada una de las parcelas. Partimos y en cada una de las parcelas se apersonaba la persona, las autoridades ejidales y el Jefe de Tenencia daban fe de su identidad. El recorrido fue muy cansado, agotados por el inmenso calor que estaba haciendo y desde luego, caras de preocupación. Aproximadamente doce parcelas no estaban siendo usufructuadas por sus titulares. Lo curioso del asunto era que esas doce parcelas tenían como usufructuario a una misma persona. Atinó. El cacique del pueblo, quien desde lejos observaba mi actuación. Finalmente como a las ocho de la noche llegamos al recinto ejidal para continuar la asamblea general de ejidatarios.

La asamblea me tenía que decir la situación real de esas doce parcelas y a quien se le adjudicaría el nuevo usufructo. El ambiente se respiraba muy pesado, la gente tenía miedo y no intervenían ante mis preguntas. En eso, y sin más, el cacique se acerca con una pistola 45 y apuntándome a la cabeza me dijo, -Usted escribirá lo que yo le diga- está bien señor, le contesté, sólo le pido al Comisariado que me consiga un café y unos cigarros, para trabajar.

El cacique estaba a mi derecha y el comisariado ejidal a mi izquierda, con la mano le hice la seña de que hablara por teléfono y sin mayor obstáculo, salió del recinto. No había luz, encendieron una fogata que nos alumbraba un poco y entonces me vino una mal pensamiento, abatido por las circunstancias y temeroso que ocurriera algo; puse el papel carbón o papel calca al revés e inicie el acta de asamblea; cada una de las parcelas debía tener un titular y en aquellas que participaba el cacique, éste ordenaba a quien poner. Confie en la oscuridad y trabajé lo más tranquilo posible.

Como a las doce de la noche, sin saber de dónde, llegó un piquete de soldados. En efecto el Comisariado ejidal había hablado y denunciado el secuestro en que me encontraba. Los soldados llegaron y lo primero que hicieron fue sorprender al cacique y quitarle el arma. El acta ya la había terminado, así que le dije al Comisariado Ejidal, los espero mañana en Apatzingán, los soldado me llevaron en un Jeep a Apatzingán e iniciaron con muchas preguntas, cada una de ellas fue contestada y luego confirmadas por el Comisariado Ejidal. Al día siguiente, bañado y almorzado me entrevisté con los miembros del Comisariado Ejidal y les dije tenemos que terminar el acta porque quedó al revés, quedaron sorprendidos y reían de cómo fui capaz de salir adelante ante el temor de ser agredido por un cacique. Ocho meses después llegaron los títulos nuevos y les pregunté por la suerte del cacique. No Jefe, me dijo uno, ese hombre debía tres vida y con su secuestro va a estar buen rato en la sombra. JOSÉ SALOMÓN GARCÍA MORENO. Actualmente me dedico a dar clases y conferencias sobre moral, ética y valores, sobre todo en centros educativo o colectivos.

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