De machos, hipócritas y princesitas // By @peladosanchez

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Por Marcelo Adrián Sanchez

La amiga que sueña un marido que la mantenga. El pibe que escribe el reggaeton de moda. La madre que educa machitos y princesas. La tía que le dice: así no vas a conseguir novio. La boluda que aclara: soy femenina, no feminista. La mamá que la viste sólo de rosa, porque es nena. El papá que compra muñecas, cocinitas y lavarropas a la nena, y pelotas, aviones y juegos de química al varón. El novio que le revisa el teléfono y el Facebook. La chica que dice de otra chica que parece una puta con esa ropa.

La mamá que sueña un príncipe azul para yerno. El papá que paga por sexo con nenas de la edad de su hija. El novio que no coge con la novia por respeto y sale de putas después de acompañarla a casa. La marca de detergente que sólo te habla a vos, mujer.

El médico que te hace cesárea sin necesidad o el que te hace la episiotomía de rutina.

El marido que le prohíbe trabajar, o el que le esconde los documentos y la plata, o el que le controla los ingresos y egresos. Las propagandas, la novela de la tarde, los concursos de belleza. El hombre que se fija sólo en su placer.

El que la humilla, el que la adjetiva, el que la menosprecia, el que le pega.

El que la aísla, la controla, la cela, la sigue. El que se cree macho porque dice piropos groseros por la calle. El que las toca contra su voluntad en la disco.

El que recibe un cheque con más ceros sólo por tener pene, se calla y se lo guarda en el bolsillo. La mamá que obliga a la nena a levantar los platos sucios de sus hermanos varones. La que se burla de la que no se maquilla para salir. La que se ríe de otra que compra libros y no carteras. El compañero que le mira las tetas. Los y las que siguen creyendo que Eva tuvo la culpa de todo por morder una manzana de mierda. Los millones a los que les sigue pareciendo épico que a un tal Dios se le cantó embarazar a una tal María y ni le preguntó a ella si tenía ganas de tener otro pibe.

Los padres que nos dicen a los hijos «los hombres no lloran». Las generaciones de creativos publicitarios que no pueden vender un puto auto sin mostrar las tetas y el culo de una mujer. Las mujeres que eligen trabajar en esos comerciales. Las mujeres que se ríen porque a tal hombre no se le paró. Los hombres que se avergüenzan y se sienten humillados porque no se les paró. Las mujeres que dicen «me gustan bien machos».

Los hombres que en la primera cita impostan el ser «bien macho». Las mujeres que usan el escote más abierto en las entrevistas de trabajo. Los hombres que contratan a las mujeres porque usan el escote más abierto. Los hombres que usan la frase «me la cogí»

Las mujeres que usan la frase «me cogió». Los hombres que se jactan de «ir de putas».

Las mujeres que admiran a los hombres que «salen de putas».

Las mujeres que les recomiendan a sus amigos «no salgas con esa que es re zorra»

Las millones de canciones con frases como «fuiste mía», «serás mía», «fui tuya», «voy a hacer que me ames». Los conductores de programas de televisión con «secretarias» en poca ropa. Las mujeres que eligen ser «secretarias» en poca ropa. Las mujeres que valoran a los hombres son siempre seguros y toman todas las decisiones.

Los hombres que se esfuerzan por estar siempre seguros y se apuran para tomar todas las decisiones. Las películas porno. Los comerciales con ofertas de artículos para la cocina en el día de la Madre. Todos los comerciales donde se insinúa que con tal auto sos más macho. El cupo femenino en la política.

Todos unidos frente al televisor, preguntándose: ¿Cómo puede ser que asesinaron a otra mujer?

Ni UNA MENOS

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