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Los rebeldes 14… El tiroteo fue algo normal

By: Itzia Ramos

ITZIA 

Para Dimitrios Pargotzis, a diferencia de sus compañeros y compañeras, el 18 de mayo de 2018 no es un día normal. Se lleva a la escuela su gabardina negra, con unas cuantas tragedias escondidas en los bolsillos, y un objetivo muy claro. Nadie ve nada extraordinario, se camufla con el bullicio matutino típico de una escuela.

A las 7:40 AM, Dimitrios entra a la clase de arte, con el mensaje “Voy a matarlos”. Los alumnos toman barricada detrás de varias mesas, algunos intentan salir por la puerta de atrás. Disparos, disparos, disparos.

La policía logra que el chico se rinda en 25 minutos, después de haber sido herido. Le cuenta a los oficiales que hay varias bombas pequeñas escondidas alrededor de la escuela, que dejó vivir a quienes le caían bien para que contaran su historia.

Ese día, 8 chicos y chicas no volvieron a ver a sus padres. 2 maestras no regresaron con sus familias. 13 personas más salieron heridas.

23 vidas directamente afectadas.

¿Preguntamos, acaso, el nombre de las víctimas? ¿Qué quisieron hacer en vida quienes no lograron escapar?

No, nos importa más saber qué llevaba puesto el agresor. Qué hacían sus padres, qué videojuegos jugaba, si había tenido problemas de drogas o en la escuela, si era un niño problema (“Debe haber sido un niño problema”), cuál fueron sus diálogos en esta obra que estos chicos fueron tan amables de representar, porque al parecer nunca entendemos que es real. Se siente como ver una escena gráfica de tortura en la televisión: normal.

Normal.

Si mañana una persona entrara a mi escuela con un rifle y pasara una bala por mi cabeza, ¿sería yo sólo otro número? ¿sería algo normal?

¿Pasarían los niños de lado por mi cadáver, como si fuera una muerte más de un videojuego?

¿Y, alguien recordaría mis logros, mis sueños? ¿O me volvería otra cara más en el memorial de las noticias?

El agresor o agresora, por otro lado, tendría su propia pregunta en el último debate presidencial, tweets de funcionarios y el mismo presidente. En las escuelas, les hablarían de esa persona; volverían a checar las mochilas por armas, en las noticias se leería “¿NOS VOLVEREMOS EL SIGUIENTE ESTADOS UNIDOS?”

A veces, me entristece más que el mundo decida voltear hacia otro lado que la tragedia misma. El tema de los tiroteos escolares tuvo dos meses de atención, y luego la llama se apagó: perdimos el interés.

No sé si aún lo recuerden, pero chicos y chicas de 16 a 18 años iniciaron un movimiento que llenó las calles de Washington, DC, para luchar sobre el control en la venta de armas. No se les tomó enserio.

Leí demasiadas opiniones de “adultos responsables” (así se llamaban) que les pedían no tan amablemente callarse y no hablar hasta que pudieran votar. Su argumento era que no conocían el mundo, que sus vidas eran demasiado perfectas para quejarse, que nadie quería a una persona demasiado política.

¿Y dónde estaban los “adultos responsables” en tiroteos como el de Parkland, que dejó 17 muertes? Barricadas afuera del edificio esperando a que la situación se calmara para entrar.

Las víctimas del viernes, de Parkland, de Columbine… a esas personas no las mató sólo su agresor; las mataron las autoridades escolares, los funcionarios que hicieron la vista gorda en estos temas, el presidente de Estados Unidos, sus compañeros que se reían por muertes violentas y canciones como “Pumped Up Kicks”, los coleccionistas de armas que se aferran a ellas, tú y yo por ni siquiera haber pensado (por un momento) si el que estas muertes ya no nos duelan significa algo.

Porque sí lo hace.

En memoria de Chris, Sabikah, Angeline, Cristian, Anne, Riley, Kimberly, Aaron, Shana y Jared. Su muerte no será en vano.

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