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En Loco Tidiano…Manifestaciones en las redes

 

By: Rosío Morelos.

A lo largo de nuestra vida, todos hemos tenido la necesidad de ser aceptados por ciertos grupos sociales.

Desde nuestra temprana infancia aprendemos a distinguir entre “niños” y “niñas” y a agruparnos con el grupo que nos identifica (según nuestro sexo). En una edad un poco más avanzada, tenemos la necesidad de acercarnos además a las personas con las que encontramos mayor afinidad y de alejarnos de aquellas con las que no compartimos mayores creencias. Entonces nos agruparnos con los que consideramos “normales” y no con los “ñoños” (si por ejemplo consideramos que destacar en lo académico es aborrecible), o con los “normales” y no con los “burros” (si por el contrario lo aborrecible es ser ignorante), etc. Ya más avanzada la edad “lo normal” es agruparse con alguien del sexo opuesto y lo “inadecuado” es no querer agruparse o querer agruparse de otra forma distinta a la antes mencionada.

Esa es la razón por la que en ocasiones somos intolerantes con las diferencias del otro (porque no nos tomamos el tiempo de tratar de entenderlo y mucho menos de conocerlo). Es también la razón por la que nos cuesta trabajo aceptar a aquellas personas que se salen de los parámetros establecidos y que representan toda la gama de grises que hay entre las categorías arbitrarias que como sociedad seguimos alimentando.

¿Qué nos autoriza a ser jueces del otro? ¿Hasta qué grado es aceptable ser intolerante (incluso con los grupos intolerantes)?

Pareciera (al menos en las redes sociales) que para pertenecer a determinados grupos ideológicos no es suficiente la inclusión, sino que además existe la necesidad de señalar aquellas posturas que nos parecen “inadecuadas” (como si la autodefinición se formara en base a mostrar empatía o rechazo sobre otros grupos en lugar de buscarla en función más bien de cualidades).

En este afán por mostrar tendencias de pensamiento no solo caben las críticas constructivas hacia los otros, sino también los insultos, (a vece tan infantiles y erráticos que más allá de lastimar causan pena ajena).

Nada de eso importa demasiado, es el pan de todos los días. Mucho más ahora con el tema de las elecciones o el futbol: como si fuera un requisito pelear por la opinión sobre algún candidato o equipo, como si lo normal fuera la polarización, y en donde a pesar de las fluidas manifestaciones que llueven en torno a un post, en ocasiones no queda mucho espacio para un diálogo razonado.

Eso sí, somos una sociedad civilizada, (ya no se ahorca a la gente en las plazas para escarmiento de la muchedumbre, por ejemplo). Ahora lo “normal” es insultar al otro desde el teléfono inteligente y existen además varios mecanismos para ello: se vale aventar la piedra y esconder la mano, se vale exhibir, se vale replicar, se vale ignorar,  y hasta bloquear.

¿Qué manifestaciones se consideran aceptables? Decía célebre personaje que basta con respetar el derecho ajeno, el problema es que pareciera que casi nadie sabe quién es ese tal ajeno, y a los pocos que tienen el gusto de conocerlo les parece que exagera, que es demasiado sensible y que quiere que lo traten con pincitas.

Luz Rosío Morelos. Egresada de letras, distraída de oficio, afecta a no dar explicaciones.

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