En loco…tidiano…Vacaciones en la playa

 

By: Rosío Morelos

Somewhere beyond the sea
Somewhere waiting for me…
Bobby Darin.1959

Dicen que “en el mar la vida es más sabrosa” y debe ser cierto, ya que nada más llegan las vacaciones y vemos el desfile de gente haciendo gala de sus mejores fotos familiares y “selfies” en la playa, (como si fuera un requerimento tener que restregarle en la cara su maravilloso viaje a los pobres diablos que no tuvieron la suerte de salir).
Ir al mar es en algunos casos un acto pasivo, esa gigantesca masa de agua y su vaivén es tan hipnótica que la gente encalla cual ballena en la orilla para contemplar por horas un espectáculo que visto desde otra perspectiva podría parecer hasta cierto punto monótono. Luego, una vez que empieza la retirada, podríamos decir que los espectadores cambian su calidad de ballena por la de otros animales con mala fama, aunque sería injusto porque en realidad los cerdos resultan menos “cochinos” que los humanos, que dejan la arena infestada de basura.
No todos los turistas optan por relajarse y disfrutar del maravilloso paisaje que ofrece el hábitat, hay visitantes que prefieren usar las vacaciones para actividades que en muchas ocasiones requieren un rendimiento físico o incluso una destreza con la que a veces no cuentan. No faltará el vacacionista que a mitad de un recorrido atrasa al grupo por dificultades para escalar ciertos riscos, o nadar en ciertas corrientes. Algunos son incluso tan miedosos que se les dificulta subir o bajar de un bote, una banana, paracaídas, etc. Ya en los casos más drásticos los aventureros terminan llorando, gritando, o haciendo dramas delante de extraños que resultan más propios de un infante.
También abundan los inexpertos o distraídos que terminan sufriendo las consecuencias de su falta de atención. Está por ejemplo el caso de la mamá que cree suficiente ponerse el bloqueador para bebé de su hijo, y que después de presentar signos de quemaduras graves, descubre leyendo la etiqueta que además de que dicho bloqueador es impropio para ella, hay que aplicarlo cada dos horas. Otro ejemplo es el del grupo que decide que es una maravillosa idea hacer una “lunada” en la playa (sin el respectivo repelente) y termina siendo el festín de los mosquitos, que gustan de la sangre de los turistas antes que la de los lugareños. También están los choferes que creen que su automóvil es de acero (tipo superman), y que por lo tanto no requiere de ningún tipo de revisión o mantenimiento antes de realizar el viaje. Muchos de estos incrédulos terminan a mitad de la carretera (a veces por cosas tan básicas como haber olvidado revisar el nivel del anticongelante).
Pero aunque en ocasiones las adversidades pueden sucitarse durante las vacaciones, la gente sigue visitando el mar, y cada año, o en algunos casos, cada temporada de vacaciones, vemos los mismos post haciendo demostración de fotos “playeras” (como si no hubiera otros destinos por conocer).
¿A qué se deberá que la playa sea un destino tan concurrido? Una buena respuesta la encontramos en la novela de “Moby Dick” de Herman Melville:
¿Por qué un muchacho sano y robusto, con un alma sana y robusta, enloquece en algún momento de su vida con el deseo de ir al mar? ¿Por qué , en su viaje inicial como pasajero, sintió usted una peculiar vibración mística cuando oyó decir por vez primera que tanto su persona como el barco estaban a la sazón fuera del alcance de la vista desde Tierra? ¿Por qué los antiguos persas consideraban sagrado el mar? ¿Por qué le atribuyeron los griegos una deidad especial, haciéndolo hermano de Júpiter? Todo esto, seguramente tiene un significado. Y es más profundo aún el significado del mito de Narciso, quien, al no poder asir la imagen suave y atormentada que veía en la fuente, se zambulló en ésta y se ahogó. Pero esa misma imagen la vemos nosotros en todos los ríos y océanos. Es la imagen del fantasma inasible de la vida: he ahí la clave de todo.
Como quiera que sea, familia grande o chica, si hay dinero en abundancia o si se rompió hasta la alcancía de los hijos para poder hacer el viaje, vale la pena darse una escapada fuera de la ciudad. No importa que se llegue más cansado que cuando se salió de casa. Poco relevante resulta que al regresar haya que enfrentar el malestar de los oídos por tremenda infección o el deterioro de la piel por una exposición excesiva al sol, todo ello no son más que las heridas de la batalla, una batalla necesaria para evadir la rutina.
¿Y para qué salir de ella? Bueno, para empezar, el viaje nos permite al regreso valorar las pequeñas cosas que se vuelven invisibles en el día a día: disfrutar de nuestra propia cama, de nuestro baño a nuestras anchas, hasta de nuestro trabajo. Y sobre todo porque al hacer cosas diferentes nos llenamos de recuerdos, (que serán lo único que podremos llevarnos cuando partamos de este mundo).
Luz Rosío Morelos. Egresada de letras, distraída de oficio, afecta a no dar explicaciones.

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