En Loco Tidiano… El club de los fodongos.

 

By: Rosío Morelos.

Y cuando llego a mi casa en el espejo estoy yo

El hijo de mi padre y no una estrella de Rock

Y estoy mucho mejor.

Eskorzo.

 

Bien dice el refrán: “la mona, aunque la vistan de seda, mona se queda”. Y entonces: ¿Para qué ponerle filtros a las selfies? ¿Para qué usar el photoshop y quitarse 30 kg. de encima? ¿Para qué aventarse el frasco entero de perfume? ¿Lustrar tan frenéticamente los zapatos? ¿Usar máscaras de maquillaje?

La respuesta parece sencilla y consiste en que nos valga completamente ma…quillarnos o no, sin embargo, dejar de preocuparse por cómo lucen los otros y cómo nos ven los demás es, en realidad, una tarea muy difícil de lograr.

Se necesita mucha valentía para atreverse a salir a la calle a las 12 del día, aún en pijama, despeinado, con el almohadazo pintado en la cara, las lagañas expuestas y esa pequeña pero perceptible línea de baba rezagada en la comisura de los labios. Todavía de mayor grado de dificultad resulta que mientras se avanza hacia la tiendita de la esquina (donde todo el mundo se conoce) se camine saludando a los demás con esa actitud bonachona y un andar tipo “Oso Yogui”.

Pocos son los seres iluminados que logran volverse inmunes a las críticas y a formar parte de un grupo, que se puede categorizar como “el club de los fodongos”.

Para considerarse un auténtico “fodongo” es necesario cumplir con varias características:

La primera consiste en que la “fodonguez” se practique de manera honesta y sin ningún vicio de la voluntad: es decir, que no sea resultado de salir de prisa debido que se hizo tarde o bien debido a alguna catástrofe natural que lo haya forzado a presentarse sin arrreglo; que su “facha” no sea el vestuario de algún concurso de disfraces, obra de teatro, filmación cinematográfica u otro compromiso social;  que el individuo no se encuentre inmerso en alguna depresión profunda que lo obligue a descuidar temporalmente su aspecto.

También es importante que la elección en la presentación personal se base completamente en el confort: es muy común el uso de pants (especialmente si son holgados), zapatos tipo crocs, pinzas para el cabello que evitan peinarse, la barba libre de tijerazos, las cejas sin depilar y hasta los pelos de la nariz y las axilas al aire.

Lo más importante es gozar de un tremendo valor, ya que no cualquiera logra soportar en el día a día: las miradas fulminantes, los regaños del jefe en el lugar de trabajo y hasta los rechazos a entrar en ciertos lugares en donde es necesario un “código de vestir”.

Las personas “fodongas” pueden resultar (dependiendo del punto de vista de quien los mire), increíblemente valientes, o bien gente descuidada e incluso perezosa. Sea cual sea la opinión de cada individuo al respecto, lo cierto es que aún hoy en día un ser humano no es libre todavía de vestir como le venga en gana; al menos no sin exponerse a burlas, rechazos y hasta acosos.

Valdría la pena hacer el ejercicio (aunque sea una vez en la vida) de animarse a salir a la calle sin elegir lo que se viste y sin enfrentarse a un espejo; nada más porque sí; aunque sea para sentir ilusoriamente un poco de libertad.

Luz Rosío Morelos. Egresada de letras, distraída de oficio, afecta a no dar explicaciones.

Contacto: [email protected]

 

 

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