La opinión de Alejandra Ortega…Extrañas prioridades en la agenda cubana

By: Alejandra Ortega

La nueva Constitución cubana está generando críticas y dudas en algunos sectores de la población caribeña, pero también en el ámbito internacional, y es que parece un modelo que sintetiza lo que es la izquierda, la izquierda latinoamericana que ha cobrado mucha fuerza en los últimos años y se ha ido extendiendo a zonas que era difícil visualizarlas dentro de ese espectro político como México, Paraguay o la Argentina.

Cuba celebra la aprobación de una nueva Constitución por referéndum, en donde sufragó un 86.8% de la población, votación histórica que genera muchas expectativas y anhelos de un cambio muy esperado por muchos, tanto dentro como fuera.

Sin embargo, este proyecto en realidad significa sólo cambios cosméticos en muchos temas, pero sí un cambio de fondo en lo cultural y a nivel conceptual, lo que seguramente no será algo positivo.

Y en lo económico, la constitución se queda corta y pareciera que se abren al mercado internacional, sin embargo algunos puntos van en detrimento de la población que tiene un negocio propio y es independiente económicamente del Estado.

A pesar de los negativos, sin duda la nueva constitución cubana tendrá un efecto importante en el resto de los países que han asumido gobiernos de izquierda. Cuba siempre ha sido el eje rector de todos éstos.

El documento, que modificó 213 artículos y ahora contendrá 224, elimina la categoría “comunismo”, sin embargo se trata de una Carta Magna que apuntala el socialismo, en el que seguirá predominando un sistema de partido único y se mantiene la estructura de poder que inició con el castrismo y en la que el autoritarismo permanece intacto.

¿Qué cambia?

Entre otras cosas, se reconoce la propiedad privada y la inversión extranjera, que ahora se consideran indispensables para impulsar la economía del país. Se crea la figura de Presidente de la República y se añade un primer ministro. Se garantiza un salario igual por trabajo similar y los medios de comunicación no serán sujetos de propiedad privada.

Pero también incluye temas que parecerían no estar dentro del contexto de la problemática cubana, como definir a las familias con base en una organización en cualquier tipo, lo que abre la puerta al matrimonio igualitario cambiando el concepto a “unión entre dos personas”, sin especificar sexo.

Lo curioso es que esta propuesta sobre matrimonios homosexuales la estuvo impulsando con mucha fuerza Mariela Castro Espín, hija del ex presidente Raúl Castro, hermano de Fidel, que es sexóloga pero también diputada y al mismo tiempo directora del Centro Nacional de Educación Sexual y además activista de la comunidad LGBT.

Mariela Castro promueve modificar el Código Familiar y Penal para que Cuba curse de manera franca por el camino de la ideología de género.

Del mismo modo, buscan que se reconozcan como delitos la homofobia y la violencia de género. Sobre el aborto, en ese país es legal desde 1965 y se practica de manera gratuita, siendo esto un referente para otros países con gobiernos liberales en nuestro continente.

Según la diputada Castro, el presidente Miguel Díaz-Canel simpatiza con los temas de la agenda LGBT, lo mismo que su padre Raúl Castro.

Así quedan muchas dudas sobre los elementos que se reforman, pues parece que no van al fondo de los problemas más añejos y sentido, como si los cubanos no tuvieran cosas que resolver.

El Wifi, por ejemplo, tiene costo de un dólar la hora, cuando un cubano gana 30 dólares mensuales, tampoco parece que importa mucho la escasez de productos en la isla,  como artículos de aseo personal, medicinas y alimentos.

Pero además, pareciera que los cubanos no se dan cuenta de la trampa que engendra el abrirse a mercados internacionales, pues con ello ahora tributarán más los pequeños y medianos empresarios, lo que va a dejar al ciudadano más sometido al Estado, pues sólo el 13 por ciento de la población trabaja fuera de las estructuras de gobierno. Si a esto le sumamos las empresas que llegarán del extranjero, sobre todo al sector turístico, pocas oportunidades tendrán los cubanos de tener una empresa propia.

En definitiva, el gobierno cubano y su élite parecen estar más interesados en mantener el statu quo e incorporar la agenda de género en la isla, que hacer los esfuerzos necesarios para apuntalar la economía y las garantías individuales de los ciudadanos, tan mermadas por varias décadas. Con esto queda claro quiénes mueven realmente a Cuba y a qué intereses internacionales poderosos obedecen.

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