La Cuarta Revolución…Teorías de conspiración: Un peligro para el mundo

En los últimos meses el mundo ha sido desbordado por teorías de conspiración relacionadas con la pandemia del COVID-19, se culpa a Bill Gates, a George Soros, a las torres 5G, y hasta a los médicos que matan a las personas para sacar líquidos de rodilla. Todas distribuidas ampliamente a través de las redes sociales como Youtube, Facebook, Twitter, o Whatsapp.

 By: Manuel Ochoa 

Estas teorías de conspiración, que van en contra de la ciencia misma, se presentan sin evidencia tangible, haciendo conexiones que suscitan una narrativa convincente y  sumando prejuicios previos del lector con nuevo “conocimiento” que desata un sentido lógico, pero que en la realidad son teorías construidas justo con el propósito de generar un nuevo hilo narrativo de manera inmediata en la mente de quien la recibe, todo con un fin aún más perverso que el de la propia teoría de conspiración, fines antisemitas, racistas, anti-desarrollo, conservadores y de orientación ideológica con fines políticos.

Las teorías de conspiración son un peligro real para el mundo, minan la confianza en la ciencia, la cual permitió un desarrollo sin precedentes durante el siglo pasado que alargó más de 10 años la vida del ser humano y erradicó por completo enfermedades, mejorando la calidad de vida en cada rincón del mundo.

Ir en contra del conocimiento científico en la práctica significa adentrarse a la época medieval, en la que por 10 siglos la humanidad dejó de generar conocimiento de manera amplificada y tuvo un retroceso como en ninguna otra etapa de la historia humana. No olvidemos que Galileo Galilei, considerado el padre de la ciencia moderna, murió encerrado bajo arresto domiciliario y con la presión de la inquisición a retractarse de sus ideas científicas.

Diseminar teorías de conspiración ocasionan muertes en la coyuntura actual, minar la confianza en científicos, médicos, y expertos en epidemiología es el equivalente a dejar de creer en el piloto de un avión en pleno vuelo y querer suplirlo por uno de los pasajeros, o peor aún, querer salir de la aeronave durante el vuelo porque no resulta creíble la capacidad mortal del aire congelado a 10,000 pies de altura solo porque no es perceptible a la vista humana.

Estas teorías de conspiración, que pueden fácilmente ser refutadas cuando se ponen a prueba científica, llegan en un momento que hay movimientos enteros anticiencia como lo son los terraplanistas, y el más peligroso de ellos, los antivacunas; movimientos ligados a ideologías políticas conservadoras y/o religiosas, incluso con un perfil de votante muy específico con cercanía al populismo anti-globalista y nacionalista, hay quienes han explotado estos movimientos y sus falsas teorías para llegar a un puesto de elección popular, vender millones de libros, o ganar mucho dinero en Youtube.

 

El movimiento antivacunas no es solamente un peligro para la vida de millones de niños cuyos padres no quieren vacunarlos, también para la humanidad entera por el regreso de botes contagiosos de enfermedades que se pensaban erradicadas y/o controladas como el polio o el sarampión.

El mundo entero está detenido por la ausencia de una sola vacuna, imaginemos lo que sería nuestra sociedad sin todas las vacunas que nos protegen de decenas de enfermedades mortales a lo largo de nuestras vidas.

Todas las teorías explotan dos aspectos fundamentales de la mente humana que están íntimamente ligados: la ignorancia y la curiosidad. Cuando existe una pieza faltante para explicar algún fenómeno, se recurre al sensacionalismo y a la teoría conspiracional ya que es más fácil pensar en un motivo oscuro supremo que en una explicación científica, sin duda es más fácil y entretenido ver un video de Youtube que leer un artículo académico basado en datos, marco teórico, y evidencia científica.

El mundo está entrando a una nueva normalidad  en el que se pondrá a prueba la capacidad humana de adaptarse a las nuevas circunstancias, no podemos permitir que las teorías de conspiración rebasen a la ciencia misma, que la ignorancia se sobreponga a los hechos y a la razón.

Hemos avanzado mucho como raza humana como para regresar a tiempos donde se promovía el desconocimiento con fines políticos, racistas, supremacistas. Investiguemos, contrastemos y hagamos uso de nuestro pensamiento crítico, pero un pensamiento crítico basado en datos, evidencia y hechos, no en formulaciones narrativas que suelen parecer lógicas pero que realmente no tienen sustento real alguno. Utilicemos nuestro intelecto y curiosidad para poner a juicio argumentos, pero hagámoslo con conocimiento, información y no con sensacionalismo primitivo.

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