JournalRebel…¿Y si el mundo fueran sólo sombras?

Platón fue un filósofo griego antiguo del que conocía su existencia por meras menciones aquí y allá. El puro nombre se sentía denso, tedioso y lejano, como si fuera algo que no necesitara conocer jamás...

By: Itzia Ramos

ITZIA

Platón fue un filósofo griego antiguo del que conocía su existencia por meras menciones aquí y allá. El puro nombre se sentía denso, tedioso y lejano, como si fuera algo que no necesitara conocer jamás (les ruego que si comparten este antiguo sentimiento, no cierren la página, déjenme explicar). Mas, como cualquier adolescente que pretende terminar la preparatoria, tuve que cruzarme con la materia de filosofía e, inevitablemente, con él.

Estaba preparada para esas lecturas donde tienes que leer diez veces el mismo párrafo para captar algo, y fue una bonita sorpresa encontrarme disfrutándolo. Me gustó tanto que quiero rescatar una pequeña parte en la columna de hoy.

Platón propuso, en uno de sus varios diálogos, una de las alegorías más conocidas en la historia de la filosofía: el mito de la caverna. Este comienza, como dice el nombre, con una caverna. Dentro de ella existen unos prisioneros encadenados desde su infancia de manera que no pueden voltear la cabeza. Detrás de ellos, hay un fuego que les alumbra, y entre ellos y el fuego hay un camino por donde pasan hombres cargando todo tipo de objetos, provocando que en el muro hacia donde ven los prisioneros se proyecten las sombras de los hombres caminando.

Todo lo que estos prisioneros conocen son las sombras proyectadas. Si conversaran entre sí, todos estarían de acuerdo en que las sombras no son sombras, son el objeto real, pues no conocerían nada más con qué compararlos. Pero si un día desencadenaras a un prisionero, lo voltearas y lo hicieras ver a las personas pasando; si, incluso, lo subieras a la superficie, ¿no sentiría un tremendo dolor (físico y mental) en acostumbrarse? ¿cómo reaccionaría si le dijeras que nada de lo que él conocía era real?

Y, cuando al fin aceptara este complejo cambio y recordara a su vieja prisión, ¿no sentiría compasión de sus viejos compañeros, al mismo tiempo prefiriendo cualquier cosa que regresar a esa mentira? Le enseñaste la verdad de las cosas, obligarlo a volver ahora que conoce lo que en realidad está pasando sería una absoluta tortura.

Ahora, digamos que es necesario que regrese a su prisión. El cambio sería igual de difícil, si no es que más, que cuando subió a la superficie. Pero aquí está lo curioso: ¿le creerían sus compañeros si les contara todo lo que vió? La respuesta es no. Ellos conocen las sombras y están perfectamente así, ¿por qué buscar otra realidad de la cual no hay pruebas concretas?

Platón usaba esta alegoría para fines relevantes en el tiempo que se encontraba, como demostrar que la realidad sensible (la que vemos y oímos y sentimos) no es todo lo existente. Pero yo me identifiqué con el prisionero, porque le dio palabras a un sentimiento que no sabía expresar: el de haber vivido una realidad diferente y no saber cómo probarle al mundo que era verdad.

Cuando fui conociendo a más personas, encontré que es un sentimiento muy común. Lo encontré en la cara del chico con violencia intrafamiliar que aprende que no es normal resolver las cosas a golpes; de la chica que comprende que no por ser mujer tiene que dejar los estudios en vez de su hermano o de alguien que acepta su sexualidad a pesar de los prejuicios a su alrededor.

Cuando te cuestionas lo que conociste toda tu vida y comprendes que hay maneras diferentes de vivir, tal vez lo más difícil no es entenderlo, sino regresar al mismo lugar y tener que existir como antes.

Todas las personas somos, en parte, el resultado de lo que hemos vivido, y no puedo exigirle a alguien con una vida diferente a la mía que acepte algo completamente ajeno. No puedo forzarlo. Y es que no porque algo no me haya pasado a mí no significa que no pase. Por lo que han vivido, tal vez para ellos yo esté en las sombras. Tal vez nunca lleguemos a un punto común. Y eso lo acepto.

Espero que Platón no se esté retorciendo demasiado en su tumba con la última frase. Mis disculpas si lo está haciendo, las extiendo a cualquier filósofo o filósofa leyendo si interpreté algo de una manera que no debía. Espero que mi pequeña interpretación le haya sido de ayuda a alguien, aunque sea a alguien haciendo su tarea (hola).

Me tomó mucho tiempo aceptar la persona que soy, y aún más encontrar personas que me aceptaran no a pesar de lo que creo y hago, sino con ello. Pero sé que sin las dificultades no estaría aquí, escribiendo, o simplemente teniendo esta vida. Me costó, pero estoy agradecida por haber salido de la caverna.

Espero que si tú también saliste (y prontamente regresaste) también puedas plantar tu semillita de cambio, aunque sea en la oscuridad de la caverna. Espero que puedas volver a la luz… ¿no es acaso lo que todos deseamos?

Itzia Ramos, estudiante de preparatoria. Ferviente defensora de la libertad y de los tacos al pastor con piña. Escribe poesía en su tiempo libre.

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