Journal Rebel… Día de Muertos

Debo admitir que soy una persona afortunada. Estoy agradecida de haber crecido en una cultura donde la muerte es sólo otra parte natural de la vida, una invitación a celebrar los recuerdos en vez de llorar la ausencia. Honestamente, su carga ya es lo suficientemente pesada como para agregarle el misticismo que otras culturas le dan.

By: Itzia Ramos 

ITZIA

 

Y es que mañana, si no lo notan por las flores de cempasúchil y las catrinas por todos lados, será el día de muertos; es en este punto del año donde la muerte se vuelve palpable y aparece más frecuentemente la idea de que no somos para siempre. Nadie a nuestro alrededor es para siempre.

Esa oración es suficiente para provocar una crisis existencial, creo yo, especialmente en chicos y chicas como yo que lentamente se convierten en adultos. Cuando eres niño sólo entiendes que si la gente muere significa que no la volverás a ver, o alguna idea parecida. Comenzar a comprender un mundo donde la muerte va más allá de dormir y no despertar es un proceso complicado.

Leí en algún lado que la muerte no es un proceso ajeno a la vida, sino una parte esencial de ella. Más allá de darle un fin, tiene influencia sobre nuestras acciones diarias: sea porque tengamos miedo o porque hemos aceptado que no hay nada qué hacer, la vida es diferente cuando comprendemos que mañana podemos ser nosotrxs quienes descansemos en un ataúd. La vida es diferente cuando decidimos qué hacer con ello.

En este sentido, nuestra cultura es de las más valientes. Nos ofrece un consuelo que va más allá de la religión que podamos tener y nos une a pesar de nuestras diferencias; por una noche, nos deja albergar la esperanza de que las personas que murieron regresarán. Nos invita a compartir recuerdos, escribir poesías donde nos burlamos de la misma muerte (cosa que en otros lugares es impensable) y, a veces, hasta del difuntx. Hacemos los altares, encendemos las velas, mantenemos vivas a las personas que tanto seguimos amando y entendemos que en realidad nunca se fueron: las mantenemos vivas en nuestras acciones y pensamientos. Y, ¿acaso no es eso algo hermoso? 

Hoy agradezco a las comunidades indígenas de nuestro país (especialmente a la purépecha) por haber logrado mantener esta tradición viva hasta hoy, por llevarla hasta mi generación y enseñarnos por qué es necesario seguirla pasando. Definitivamente soy, somos, muy afortunadxs de vivir en un país tan culturalmente rico como el nuestro. 

Espero no tener que ser pronto la foto del altar pero, si lo soy, me iré tranquila y feliz… porque sabré que seré recordada, aunque sea un día al año, en la mejor manera posible. 

¡Feliz día de muertos! 

Itzia Ramos, estudiante de preparatoria. Ferviente defensora de la libertad y de los tacos al pastor con piña. Escribe poesía en su tiempo libre.

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