Hechos y deshechos…2021: el desafío de una oposición en debacle. 

El resultado de las pasadas elecciones del 2018 sorprendió a propios y extraños, no por el efecto que poseía AMLO, sino por la poca transparencia de los comicios del 1988 y 2006 que eran el ingrediente especial; solo así podían parar nuevamente el tsunami que se avecinaba.

By: Javier Lozano

 

Morena arrasaba no solo en la presidencia de la república, al igual en ambas cámaras legislativas; esa realidad produjo un comportamiento hasta cierto punto impotente de una partidocracia y comentocracia que finalmente quedo escéptica cuando Andrés Manuel López Obrador se instaló en palacio nacional.

Pero el resultado no nada más colocaba por vez primera a un mandatario de izquierda en el poder, sino arrojaba un clima que produjo contusiones profundas en instituciones que hasta ahora: no encuentran como suturar heridas producto de la paliza que les propicio el arrastre de López Obrador. Los partidos saben de ante mano que el dominio que tiene el presidente, los rebasa por completo, inclusive, creando una factible alianza hacia el 2021 que constituya a todos los partidos difícilmente: incentivaría a un electorado que relativamente está harto del PRI, PAN y PRD. Sin embargo, esa conspiración ya comienza a esbozar un posible escenario de adhesión de la totalidad de partidos para instalar un efecto competitivo; “solos no pueden”, eso existe cuantitativamente en una fundamentación, porque las expectativas de cada partido juegan diferentes matices que comparativamente con Morena, están muy por debajo.

El PAN ha tenido un quebranto sumamente considerable; ¿cómo han de estar?, que tuvieron que echar: al escenario a una de las figuras que políticamente no significa nada; su único simpatizante del “Foxismo” es Marta Sahagún, quien también goza de nula credibilidad. Efectivamente no dudo que el PAN sea la segunda fuerza política, pero no conforma plenamente un contrapeso sustancial cerca de una oposición. En los últimos días la desesperación los ha llevado construir muy probablemente hipotéticas alianzas que contemple invitados como el PRI: un matrimonio que lleva años gestando una cúpula bipartidista que ha perpetrado varios golpes a través de sus reformas neoliberales. Asimismo qué decir de Marko Cortés, que se ha dedicado a canalizar su frustrada gestión que no prende, porque no muestra ni siquiera liderazgo, elocuencia y conexión que por lo menos envié señales de confianza. 

El PRI lucha con un pasado oscuro que ha desplazado un camino desconcertante. Cada día se ven desinflados, y no tienen más remedio que recomponer su estructura a través de sus bases, sin embargo, no veo ni por donde al menos penetren, porque históricamente cargan una loza muy pesada de corrupción, nepotismo, clientelismo, fabricación, fraudes y mentiras que efectivamente han significado un partido sin representación en los poderes legislativos, y con argumentos muy razonables para ya no creer en ellos. Políticamente en 2021 están derrotados.

Y el PRD, que desde hace algún tiempo prostituyo su pensamiento doctrinal, ofertando y rematando su estructura al mejor postor, cayo a niveles descomunales; ahora con resignación se hacen llamar una “Izquierda responsable”. El PRD virtualmente está aniquilado, acabado, golpeado, y lleva implícito un inevitable desgaste producto de la manipulación que durante años perpetro con su militancia. El conveniente antídoto para el PRD es desaparecer y volver a construir un cimiento que refuerce una ideología con figuras que realmente puedan proyectar objetivos; adquiriendo nuevas estrategias y mecanismos que se adapten las exigencia de una sociedad que trae consigo un malestar porque políticamente quedaron excluidos de los pactos y acuerdos que solo mancharon la galopante dirección Cardenista. Ese deterioro ha agudizado la relación con muchos cuadros, liderazgos y expresiones que han decidido abandonar las filas del PRD; aunque esto se esté realizando paulatinamente, tiene y tendrá un impacto desfavorable con miras a los procesos venideros. Actualmente sufren las consecuencias de situaciones que con anterioridad exacerbaron a todo una columna de militantes que por mucho tiempo creo blancos de una fuerza que estuvo a punto de ganar la presidencia en 2006. 

Para ejecutar una posible alianza entre estos partidos, es fundamental crear un dinamismo que sea altamente competitivo; la unificación de los bloques partidistas sufrirán las consecuencias del 2018, donde el hartazgo de una cuasi convergencia, debilito al PAN, y sepulto prácticamente al PRD. Ahora imaginen al PRI, esto sería un apocalipsis que generará más impopularidad que arrastre; sí, efectivamente son tres estructuras, pero moralmente desdibujadas, y que actualmente gozan de una desarticulación popular por el desprestigio que tienen. Abiertamente están dispuestos al diálogo, no han descartado un mecanismo que aglutine a estas corrientes, sin embargo, para tener la capacidad de levantar una intención que de pelea, se requiere un esquema inmensamente exitoso. PAN, PRD y PRI no lo poseen, porque cada uno sostiene desafíos distintos, y una incapacidad de elaborar un proyecto, ya que sus contradicciones muestran una ausencia de liderazgos capaces de competir en 2021, por la crisis de credibilidad que insoslayablemente personifican. La inclinación que vive Morena, le alcanzará a fin de ganar más de 9 gubernaturas en las elecciones intermedias según algunas encuestas.

Todos contra Morena el 2021, sí, es posible, pero no preocupa porque ni siquiera impactaría en la sociedad.

Tomen el ejemplo de “México al Frente”

Nos vemos pronto

 

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