Edi la Editorial… Las Piedras En El 8M

Edi la editorial es una mujer empoderada y como el 70% de las personas que colaboramos en changoonga.com, este 8M marchó. Aquí la crónica:

By: Edi la editorial

 

Es de una hipocresía indecible preocuparse por monumentos y no por vidas destrozadas, por muertas a granel y por deudos a mansalva” N.O.

 

Dicen que éramos 10 mil mujeres, aunque también algunos hombres se sumaron discretamente al contingente mixto. Calculé que este país sólo necesitaría mil días para que no quedara una sola viva de las ahí presentes. Yo iba vestida de negro y me incorporé a la marcha inmediatamente después de las que encabezaban; lloraban casi todas porque les mataron a sus hijas, hermanas, amigas…las violaron; pensé que aunque nuestra exigencia era por regresar a casa sanas y salvas, también era la lucha de las que no sobrevivieron y exigen justicia, por las que sufren violencia día a día.  Escuché gente diciendo: “No sabía que matan una cada 2 horas y media”, y sentí que nomás por esa sirvió la movilización.

 

Vi gente haciendo cadenas “humanas” para resguardar el statu quo, rezaban no sé si por nuestras almas, pero sus rezos me dieron más miedo que cuando veía a las compañeras corriendo entre la multitud para pintar paredes o romper vidrios y mitos; afortunadamente pudimos interrumpir sus rezos con consignas lanzadas como piedras: “saquen sus rosarios de nuestros ovarios”, “Saquen su doctrina de nuestra vagina”, pero aunque era liberador gritar, ojalá hubiera tenido la oportunidad de explicarles que no estamos a favor del aborto, que eso es una tontería, que nadie quiere abortar y que no es un método anticonceptivo, que queremos que quienes no tienen nuestros privilegios puedan elegir sobre sus cuerpos como hacemos nosotras. Y hablando en sus términos: ¿por qué no dejan que Dios castigue a las que abortan y se dejan de joder, perdón… de juzgar?

Pero veían el pañuelo verde y rezaban por nuestra salvación, supongo (ya supe qué sintió la mujer de la letra escarlata), el impacto del pañuelo verde con el que nos cubríamos y que simboliza que estamos a favor de las libertades sociales fue brutal, porque vivimos en un país donde tenemos que exigir que no nos maten y organizamos huelgas y marchas para que nos dejen decidir sobre nuestras vidas y cuerpos. Me alegró saber que para algo puedo usar mi privilegio, para exigir el derecho que tienen las otras a decidir sobre su cuerpo y sobre su vida sin que las señalen.

Caminamos por la calle principal al lado de niñas y jovencitas, vivas y furiosas gritábamos: “Señor, Señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”, y las personas se detenían a leer nuestras pancartas, y a pesar de la euforia de la batucada los entristecimos porque logramos visibilizar la crueldad del patriarcado, lo vi en sus miradas que nos decían todo: tampoco podían creer los datos que les compartíamos en las cartulinas de colores, no podían voltear la cara e ignorar que tenemos que salir a la calle a recordar que matan a 10 mujeres cada día y que parece que nadie puede hacer nada. Había niñas en la marcha, decía, llevaban pancartas casi de sus tamaños donde pedían que las dejaran cumplir sus sueños y pararan de abusarlas y de matarlas, ¿cómo llegamos a esto? Humo morado, humo verde y el grito de ¡Alerta, alerta!  provocaban llorar también, y entre sollozos todas gritábamos: ¡nos están matando!

 

Y luego las piedras. Cuando alguien grafiteaba las paredes, algunos grupos conservadores dentro de la marcha gritaban: “así no, así no…” pero continuaban en la inercia de la manifestación, porque podríamos estar de acuerdo o no, pero había más indignación porque ultrajaron a las Tarascas que a una de cada 5 de las mujeres presentes, ¿desde cuándo las piedras son más importantes que las personas? Entiendes cuando escuchas que una de las encapuchadas le dice a la mamá de una de las asesinadas: «ahora sí te van a escuchar«.

Parece que quienes dicen que así no, que esas no son maneras de protestar, son afortunados de no haber perdido a nadie aún, y aunque cuestionen qué es lo que se logra vandalizando, no saben lo efectivo que ha sido el método de rebeldía que se está usando; porque hoy estamos hablando de la marcha, hoy están compartiendo su indignación porque les rayaron sus paredes; pero tenemos meses hablando de feminismo en todas partes, socializando sobre la violencia imparable, enseñando en las escuelas sobre nuevas masculinidades, hemos evidenciado autoridades, denunciado acoso en las escuelas, pensado, debatiendo temas relevantes, discutiendo por reivindicaciones, reflexionando; que significa mirar para adentro.

Y en términos económicos me parece que se las dejamos barata; todo a cambio de una piedra rayada que podrán despintar, pero entendemos que tras la “petición” de respetar monumentos se oculta la exigencia de moderarse… callarse… resignarse… no incomodar y morir en silencio, por favor… 

El 8M marchamos porque calladitas no nos vemos más bonitas y porque nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio. #NiUnaMenos

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