Despojo de censuras…NIÑO EMPERADOR: Permisividad y egocentrismo

By: Psic. Liz Gómez

Alguna vez has ido de visita a casa de tus amigos, familiares o conocidos donde en medio de la plática se aparecen los hijos de estas personas y entonces exigen que se les haga la comida, cuando el horario de comida ya ha pasado; que en ese momento se les haga caso a lo que el niño tiene que decir y sin más ni más, interrumpen la conversación de los adultos; niños que mandan a sus padres a que les limpien la cama porque ya la ensuciaron de cualquier cosa; niños que regañan a sus padres por no cumplir sus demandas de juguetes y caprichos; niños que deciden a qué hora se deben de dormir todos, a qué hora se debe de comer, cuando sí salir de casa y cuando no, cuando viajar y qué programas ver en televisión, etcétera. Bueno, pues a esta serie de actitudes actualmente se le ha denominado, síndrome del niño emperador.

Justo se denominan así porque son emperadores del hogar, tratando a sus padres como súbditos que siempre deben de estar a su disposición y con todos los recursos necesarios, tanto económicos como emocionales, para cumplir sus demandas, todo ello, por encima de la autoridad de sus padres o tutores. Son niños que para hacer valer estas series caprichos y berrinches, suelen actuar con gritos, amenazan, insultan y golpean a sus padres. Son niños que al tener estas actitudes, por consiguiente, se les dificulta el sentir culpa, amor por los demás, compasión y por supuesto tienen incapacidad para pedir perdón.

Estos niños controlan a sus padres psicológicamente, pues los padres suelen justificar la actitud de sus hijos con comentarios como: es un niño se le va a pasar; es parte de su desarrollo, todos los niños necesitan atención; es normal no sabe lo que hace porque aún no tiene conciencia de sus actos; ser padres implica tener que darles todo lo que necesitan, es normal que me lo exija; me insulta y golpea porque no puedo comprarle lo que necesita, pues es normal porque es parte de los berrinches de los niños; es que quiere llamar la atención de los invitados. Todas las anteriores y un sinfín más de explicaciones absurdas son utilizadas cada vez más por los padres para calmar y justificar su incapacidad de poner límites a sus hijos. Nada que afecte la integridad emocional, física y social de los padres o hijos es normal. La incapacidad de los padres por no educar en base a límites y amor por el cuidado de sí mismos en los hijos, más que por capricho, es una forma de agresión hacia los niños.

Estos niños presentan actitudes donde creen que merecen todo lo que piden, consideran que son los mejores en cualquier lugar donde se paren y por ello son merecedores de todo lo que exijan, sienten que deben ser tratados mejor que los demás, no saben aceptar un no como respuesta ante sus demandas, en la escuela o en su vida social pueden tener serios conflictos al no obtener lo que piden a causa de los límites impuestos por los maestros o figuras de autoridad.

De las principales causas de este síndrome es la dificultad de los padres por pasar tiempo de calidad con sus hijos, por ello, tienden a compensar el tiempo con cumplir todas las demandas de sus hijos por culpa de no pasar tiempo con ellos, demandas que después son incontrolables; otra causa es la dificultad de los padres para poner un límite a sus hijos porque quieren que ellos vivan y tengan lo que ellos no tuvieron cuando tenían su edad; sin lugar a dudas, la falta de hábitos afectivos en la familia, la demostración de amor y el hecho de ser un espejo para que el niño comprenda lo que siente, es una parte básica en la educación de los hijos, solo así podrán entender lo que les pasa a nivel emocional, esta falta de demostración de afecto genera la incapacidad de ser empáticos con los demás niños, y en los padres se genera el descuido de la necesidad de jugar e interactuar con sus hijos.

Algo básico y necesario para evitar esta clase de actitudes es el que los padres no renuncien a poner límites a sus hijos, esa es la clave básica de adaptación a la vida social y familiar. El dejar que los niños vivan la frustración cuando se les dice un no como respuesta a sus demandas, hace que el niño comprenda que no siempre se podrá obtener lo que se necesita al momento, y entonces estarán desarrollando su capacidad de espera y de esforzarse por lograr lo que necesitan o quieren, eso formará en ellos la constancia, compromiso y responsabilidad consigo mismos, con los demás y con sus tareas diarias. Si no se educa bajo los límites y la frustración, lograrán tener hijos sin objetivos en la vida y sin metas claras o un plan de vida, serán niños y adultos sin conciencia del esfuerzo y por lo tanto, sufrirán a causa de la desadaptación que se les avecina con mayor gravedad.

Para educar con límites, dando valor a las cosas, con cierta frustración para que los niños se esfuercen, se necesitan padres conscientes de su responsabilidad como educadores y formadores, ser padres implica estar listos para darse espacios que no se tenían para poder educar con calidad y calidez, se debe tener claridad ante las emociones y promover la empatía para poder así, trasmitirla a sus hijos y estos a su vez puedan concebir el mundo desde la realidad que les compete y no desde una fantasía desadaptativa ante la vida.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.

 

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