Ciudadanos Emergentes. ¿Qué es la Mitomanía?

La mentira existe en la naturaleza: los animales utilizan el camuflaje a fin de esconderse de los cazadores o capturar a su presa; se trata de una estrategia para poner las circunstancias a su favor. La humanidad la emplea con frecuencia, pero si se exagera se habla de mitomanía.

 

By: Lic. Arturo Ismael Ibarra

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La mentira existe en la naturaleza: los animales utilizan el camuflaje a fin de esconderse de los cazadores o capturar a su presa; se trata de una estrategia para poner las circunstancias a su favor. La humanidad la emplea con frecuencia, pero si se exagera se habla de mitomanía.

En algún momento, todos hemos elucubrado historias para conseguir algo, pero una persona con la condición referida lo hace compulsivamente, por sistema y hábito, afirmó Dolores Mercado Corona, profesora de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Para la especialista, los propensos a engañar generan una realidad alterna y llegan a creer en ella. En ciertos casos son personas carismáticas, lo que ayuda a que los demás acepten sus falacias.

Si esto se vuelve costumbre, los individuos ni siquiera lo piensan, sólo les da por inventar y generar cuentos destinados a proyectar una mejor imagen de sí mismos. Ello implica un abuso de poder, pues al inducir una idea falsa buscan obtener beneficios.

Se argumenta que detrás de este fenómeno está la inseguridad y los deseos de sobresalir, pues el mentiroso piensa que si se presenta como es no obtendrá sus anhelos. “Son seres con baja autoestima que tratan de compensarse. Si no tienen lo suficiente deben crearlo a base de engaños”, dijo.

¿Cómo reconocerlos? Es sencillo, para contar falsedades es preciso apuntalarlas en otra afirmación, y así subsecuentemente. Hay quienes inventan tanto que les resulta imposible no caer en olvidos ni contradecirse. Además, para relatar algo inexistente es necesario considerar que el otro es incapaz de darse cuenta. “Nos pueden engañar una, dos o tres veces, pero tras una serie de embustes es fácil detectarlos”.

Esto hace que los mitómanos lleven una vida inestable, pues no persisten en sus empleos y sus relaciones interpersonales no perduran. “Nos desagrada tratar con un mentiroso; nos generan incertidumbre. Por lo tanto, ellos se crean problemas y si no son buenos al elaborar sus artificios experimentan ansiedad y miedo de que se descubra lo endeble de sus historias”, resaltó Mercado Corona.

Los mitómanos no están cómodos con quienes son y promueven ficciones de ellos para sentirse bien ante los demás. Una vez que lo han hecho, sobre todo si llevan mucho tiempo, les es difícil aceptar que no han sido veraces y prefieren seguir en la falsedad.

Y eso que busca el mitómano con sus continuadas mentiras, es muy sencillo: busca aparecer ante el resto de los mortales como mejor persona de lo que es, en el sentido de: fíjate qué importante soy.

Busca aparentar, y así, en paralelo y como síntoma de su enfermedad, suele hablar «en tono alto», para que todo el mundo oiga, o se entere, de los estudios que tiene (y que no tiene), de los viajes que hizo (y que no hizo), de los bienes que posee (y que no posee), de las importantes amistades que cultivó (y que no conoció). Etc.

La mitomanía es pues una «caricatura»  y lamentablemente en el gremio de los políticos en general, sobre todo, si viven de la política, es donde más se da. Y no se dice esto, únicamente, porque el político mienta antes de las elecciones, durante las elecciones y después de las elecciones. Se dice porque en política hay demasiados, muchedumbre, que mienten como el mitómano, tratando de crear un mito en torno a su persona, a sí mismos.

El político miente para presumir (incluso a veces sobre títulos que no posee), para parecer mejor de lo que es (ocultando su ignorancia para obtener un puesto mejor del que merece), para aparentar lo suficiente como para vivir de las apariencias.

Pero como el político no está enfermo, une a sus mentiras, por un lado los autoengaños (miente hasta el punto de creerse sus propias mentiras), y por otro las coces a quienes le puedan «hacer la competencia» (si en el país de los ciegos el tuerto es rey, metámosle el dedo en los ojos al compañero).

Arturo Ismael Ibarra Dávalos. Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Catedrático de la misma. Preside la asociación civil Bien Común Michoacán y la sociedad civil Por la Mejora en el Ámbito del Trabajo. Es Secretario General del Foro Política y Sociedad.

 

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