Ciudadanos Emergentes… López, el tapabocas y la devaluación del peso

El presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a hablar de la polémica que lo rodea por su negativa a usar cubrebocas de forma permanente.

By: Arturo Ismael Ibarra

 En su tradicional conferencia matutina desde Palacio Nacional, se refirió a los señalamientos de la oposición y con ironía puso un plazo para usar la medida sanitaria.

“Que los del PAN ya presentaron una denuncia porque quieren que me ponga cubreboca. Me voy a poner un tapaboca, ¿saben cuándo? Cuando no haya corrupción”, expresó.

Póngase el tapabocas, presidente López 4, trate de recuperar el gobierno que ya se le fue de las manos y, si lo logra, intente ejercerlo. México necesita un presidente, no un cirquero. Y ya no hable. Deje de estar sembrando el desorden y de generar el odio entre los mexicanos en tiempos de dolor.

YA NO HABLE. Hay órganos del Estado para los habladores, los parlantes, las asambleas parlamentarias, las cámaras de diputados y senadores y los congresos locales. Usted NO es parlamentario, es ejecutivo. Ejecute las leyes. Hable solo para informar lo que ha hecho su administración, no para injuriar, agredir, atacar a los ciudadanos mexicanos todas las mañanas.

El país está harto de oír sus diatribas. Lo que quiere y necesita con urgencia es PROTECCIÓN contra la inseguridad, contra la epidemia y contra el desempleo. Permita que hablen los que deben hablar, los parlamentarios, su parlar, y usted, presidente chachalaca 4, abandone su papel de eterno candidato en campaña y póngase a trabajar en su oficina para lo que fue electo, para cumplir y hacer cumplir la ley. A cada quien lo suyo y cada quien a lo suyo.

Al presidente López Obrador le gustan los símbolos. La cancelación del aeropuerto de Texcoco fue eso. El paso de Los Pinos a Palacio Nacional, la venta del avión presidencial, los vuelos comerciales, el Tsuru y luego el Jetta, todo es simbólico y lo maneja con habilidad.

Pero en su primer viaje al extranjero como presidente de México perdió el control: el símbolo de su gira de agradecimiento a Donald Trump terminó siendo uno que no le gusta: el tapabocas.

No sólo porque después de que se negó durante 4 meses a usarlo en México, aunque anduviera de gira por los estados, se lo tuvo que poner desde que abordó el avión para dirigirse a la capital estadounidense y no pudo evitar que le tomaran fotos, que circularon de inmediato por las redes sociales y los medios.

Sobre todo porque durante toda la visita de día y medio anduvo con un tapabocas figurado que no le permitió decirle todas las verdades que prometió decirle a Trump cuando era candidato presidencial.

No le dijo que ha insultado, estigmatizado, discriminado y maltratado a los mexicanos. No le dijo que ha atropellado los derechos humanos de los migrantes que cruzan la frontera en busca de una vida mejor. No le dijo que sus descripciones de los mexicanos como narcotraficantes, polleros, violadores y asesinos no se nos olvidan.

No le reclamó por su crueldad de separar a las familias migrantes. No le echó en cara la insensible y artera agresión a los derechos de los “dreamers” que llegaron de niños a Estados Unidos y han hecho su vida en la tierra del “sueño americano”.

No se quitó el tapabocas para decirle que México no va a pagar por su “bello y grande” muro fronterizo, no lo encaró para aclarar la falsedad que tantas veces repitió de que los mexicanos abusamos durante dos décadas de los pobres estadounidenses y lucramos con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

No le recordó lo que en campaña le escribió en su libro Oye, Trump: que es un racista, un xenófobo y un autoritario.

No le reprochó la canallada de llamar “animales” a los migrantes mexicanos.

No le refrescó la memoria de sus amenazas de imponer aranceles que subirían gradualmente hasta asfixiar a la economía mexicana si no hacía algo para detener el flujo migratorio hacia el norte.

Por supuesto, no recordó la forma en que le torció el brazo a su gobierno para dar un giro nunca visto en la postura mexicana frente a la migración y realizar un imponente despliegue militar de miles y miles de elementos para detener y deportar migrantes indocumentados.

No le dijo lo que todos los mexicanos saben: que Donald Trump ha sido el presidente de Estados Unidos que más ha insultado y humillado a México y los mexicanos y que ha estado muy, pero muy lejos de comportarse como nuestro “amigou”.

El presidente de México sólo se quitó el tapabocas para agradecerle al personaje descrito porque, según el discurso lopezobradorista, nos ha tratado “con respeto y comprensión”, “nunca ha intentado imponernos algo que viole nuestra soberanía” y porque “nos respeta cada vez más”.

Mejor se hubiera dejado puesto el tapabocas.

En los últimos 12 meses el peso se ha devaluado 22 por ciento con respecto al dólar, y en lo que va de este año la depreciación ha sido de 13 por ciento; por supuesto este fenómeno está causando angustia entre ahorradores, inversionistas y población en general. Los mexicanos ya se estaban habituando a la estabilidad de nuestra moneda con respecto al dólar, y ahora el miedo es que el país regrese a las macrodevaluaciones que sufríamos cada seis años —desde 1976 hasta 1994—.

Lo que le ha sucedido a nuestra moneda es por causas similares a las del pasado.

En Los años 70 y 80 del siglo pasado, las políticas económicas que adoptaron algunos de nuestros gobernantes fueron desastrosas; el presidente Echeverría y después López Portillo destruyeron la estabilidad lograda en las épocas del desarrollo estabilizador, donde México crecía a tasas anuales de 6 por ciento y la inflación era de 3 por ciento. El nuevo modelo que adoptaron fue incrementar el gasto sin ningún control y para lograrlo utilizaron el crédito; sobre todo el externo, como si nunca lo tuviéramos que pagar. Los acreedores nos soltaban el dinero con facilidad porque nuestra garantía era el petróleo; por supuesto la situación se tornó insostenible y el peso se devaluó de 12.50 en 1976, a más de 20 pesos por dólar. Con López Portillo la situación fue peor, el gobierno se apoderó de los dólares de los mexicanos depositados en nuestros bancos y los convirtió en “mexdólares”; que por supuesto, tenían un valor muy inferior al de los dólares en el mercado libre.

Además nacionalizó la banca y el peso pasó de 18.50 hasta más de 100 pesos, se estableció un control de cambios bastante imperfecto y floreció el mercado negro de la divisa norteamericana. La devaluación de 1994 fue distinta, pero también fue producto de prácticas poco ortodoxas para financiar nuestro déficit de cuenta corriente; al final, de 3.40 pesos por dólar se sufrió una devaluación hasta los 7 pesos. Esa fue la última macro devaluación del peso. ¿Por qué se empezó a devaluar el peso desde hace un año?

Será el sereno, pero la deuda no va a crecer, ya creció como nunca en la historia durante el periodo de lopez4, ¿por qué no se devalúa el dólar, el euro, el rublo ni otras monedas? ¿por qué se devalúa sólo el peso mexicano? deje de echarle la culpa al virus, presidente, asuma su responsabilidad, peso devaluado, presidente devaluado.

<<La deuda de México crecerá como efecto de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, explicó este sábado el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Va a haber crecimiento de la deuda por la caída de la economía y por la depreciación del peso, pero no hemos solicitado créditos. Estamos ahorrando, hay austeridad, no se permite la corrupción y hemos sostenido todos los programas de apoyo al pueblo”, señaló.>>

En lugar de intentar recuperar su gobierno, que se le fue de las manos sin darse cuenta, el presidente López 4 sigue en campaña electoral, hable y hable, promete y promete, engaña y engaña, hoy, López, hoy, informe lo que hizo hoy, no lo que va a ocurrir mañana, deje de domar pandemias, inseguridad y desempleo. No pretenda domar el futuro, no sea domador, sino presidente,  hoy, López, hoy, informe lo que hizo, no lo que ocurrirá.

<<El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró este domingo que se resolverá, casi al mismo tiempo, el tema de la epidemia y la corrupción, ya que esta última es la “peste más funesta, lo que más ha dañado a México”.

“Tenemos que seguir atendiendo la pandemia del Covid-19, pero no dejar de lado el que desterremos de México la corrupción; vamos a resolver las dos cosas, les diría que casi al mismo tiempo”, comentó. Mencionó que conforme se vaya “apagando” la pandemia del coronavirus, que ha provocado tanto sufrimiento, se debe seguir combatiendo la corrupción. >>

Arturo Ismael Ibarra Dávalos. Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Catedrático de la misma. Preside la asociación civil Bien Común Michoacán, Abogado de Laborissmo, “Por la Mejora en el Ámbito del Trabajo”. Secretario General del Foro Política y Sociedad.  Maestrante de la Maestría en Ciencias, con Especialidad en Políticas Públicas del Instituto Iberoamericano de Desarrollo Empresarial (INID                                                                                                                         

Correo electrónico de contacto arturoismaelibarradavalos@hotmail.com

 

 

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