Ciudadanos Emergentes… Desafíos de la Nueva Normalidad

La inteligencia artificial (IA), la modificación de la especie humana, el cambio climático y la sostenibilidad, la nueva movilidad, la economía colaborativa, los nuevos patrones sociales, la alimentación global, los nuevos materiales, la exploración espacial y la gobernanza global son los 10 retos que ha identificado la consultora LLYC como retos para el progreso científico-tecnológicos en las dos próximas décadas.

By: Arturo Ismael Ibarra

 La inteligencia artificial (IA), la modificación de la especie humana, el cambio climático y la sostenibilidad, la nueva movilidad, la economía colaborativa, los nuevos patrones sociales, la alimentación global, los nuevos materiales, la exploración espacial y la gobernanza global son los 10 retos que ha identificado la consultora LLYC como retos para el progreso científico-tecnológicos en las dos próximas décadas. El documento identifica, además, las ventajas y los riesgos que comportan, y ofrece una visión a medio y largo plazo de los nuevos recursos que estarán a disposición de la humanidad en los próximos tiempos, así como alerta de la necesidad de que, sin demora, se adopten marcos regulatorios, ágiles, adecuados y globales.

Como no voy a tener espacio para desgranar cada uno de los diez retos a los que alude LLYC, voy a centrarme en la inteligencia artificial. Dice la consultora, que la mayor parte de las técnicas utilizadas hoy en día en el campo de la inteligencia artificial fueron desarrolladas en los años setenta al calor de la Guerra Fría. Sin embargo, este sector sufrió una gran depresión tecnológica al comprobar que la capacidad computacional del momento no permitía el desarrollo de una inteligencia artificial mínimamente útil en comparación con la inteligencia humana.

Gran parte de estas técnicas fueron quedándose en el olvido hasta que, de forma exponencial –según la Ley de Moore–, la capacidad computacional ha ido aumentando. Por ejemplo, la capacidad computacional que hoy existe en nuestros bolsillos, en cualquiera de nuestros smartphones, supera en varios órdenes de magnitud la capacidad computacional del ordenador que en los años sesenta llevó al Hombre a la Luna.

De esta forma, ya en la década del 2000, estas técnicas han ido recuperándose –bajo otras denominaciones– al poder ser utilizadas ahora de forma competitiva con la inteligencia humana para solucionar determinados problemas específicos de los diversos campos de la ingeniería. Existen numerosos ejemplos de ello, desde la máquina Deep Blue de IBM especializada en el juego del ajedrez, hasta, más recientemente, el sistema Watson, también de IBM. De hecho, entre muchas otras métricas, Watson ya es capaz de superar, por ejemplo, la capacidad diagnóstica media de los médicos de cabecera. Por tanto, en términos tecnológicos, sería completamente factible sustituir al médico de atención primaria por una máquina hablante. Además, ello sería más eficien-te tanto desde el punto de vista económico como para la promoción de la salud pública. Sin embargo, las leyes actuales no permiten –ni permitirán en el medio plazo– la adopción de esta disrupción tecnológica para sustituir al médico tradicional

Muchas personas, dice también LLYC, se preguntan  de dónde surge la gran cantidad de datos que nutren los nuevos sistemas y aplicaciones desarrolladas con inteligencia artificial. La respuesta a esta cuestión está en “la explosión de la sensórica”. Según la definición científica del término, la especie humana tiene un total de nueve sentidos. Los cinco tradicionales –vista, tacto, gusto, olfato y oído–, más el sentido de la temperatura, el del dolor, el del equilibrio y el sentido kinestésico, es decir, saber dónde empieza y acaba uno mismo. Sin embargo, un teléfono móvil de gama media contiene más de 20 sensores electrónicos: giroscopios, sensores táctiles, sensores radioeléctricos, micrófonos, cámaras, GPS, sensores de temperatura, etc. Este avance en la miniaturización y fabricación en serie de sensores es lo que se conoce como “la explosión de la sensórica”.

Por tanto, un dispositivo electrónico, como un teléfono móvil o tablet, que llevemos siempre encima puede llegar a saber más de nosotros que nosotros mismos. La cantidad de información que los dispositivos electrónicos pueden recabar sobre sus usuarios es un aspecto que claramente invade la intimidad del individuo. No obstante, a nivel legal raramente hay problemas, ya que el usuario acepta voluntariamente centenares de cláusulas legales, normalmente sin ningún tipo de lectura meditada. Pero si los usuarios no aceptan las cláusulas y términos de uso se encuentran con que no pueden aprovechar la mayor parte de las actuales utilidades del teléfono móvil.

Con la progresiva miniaturización de la tecnología y la creación de nano dispositivos, dice el informe de LLYC, la ciencia actual no solo puede medir si por un circuito circulan electrones, es decir: si pasa la electricidad o no, sino que también puede medir en qué dirección gira un simple electrón. Por tanto, ahora ya es posible crear dispositivos electrónicos que no se basan en medir ceros y unos o si pasa o no electricidad, sino en cuál de las ocho direcciones posibles giran los electrones que circulan por los circuitos. Esto abre las puertas a la computación cuántica, un nuevo paradigma que está revolucionando de forma disruptiva la computación. Para ilustrar lo que significa, se puede decir que pasar de un sistema digital a un sistema cuántico es equivalente a pasar del ábaco al ordenador.

Este nuevo paradigma de computación no tiene relación por sí solo con la inteligencia artificial, aunque los avances significativos en la IA han venido siempre acompañados de un avance significativo de la capacidad de cálculo. Y la computación cuántica, que en estos momentos está en un estadio incipiente de desarrollo, aunque de todo ello se deriva que en los próximos años la inteligencia artificial experimentará otro gran salto hacia adelante y será capaz de resolver cuestiones mediante maneras hasta ahora exclusivamente reservadas a la especie humana, como la creatividad artística, la capacidad empática, la inteligencia emocional, etc. Todo esto planteará, como no puede ser de otra manera, grandes retos regulatorios.

Arturo Ismael Ibarra Dávalos. Licenciado en Derecho por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Catedrático de la misma. Preside la asociación civil Bien Común Michoacán, Abogado de Laborissmo, “Por la Mejora en el Ámbito del Trabajo”. Secretario General del Foro Política y Sociedad.  Maestrante de la Maestría en Ciencias, con Especialidad en Políticas Públicas del Instituto Iberoamericano de Desarrollo Empresarial (INIDEM)

Correo electrónico de contacto arturoismaelibarradavalos@hotmail.com

 

 

 

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