CinemaDude… Y la ganadora es…/And the winner is…

Parásitos ganó. Es la primera vez que una cinta que no está hablada en inglés se lleva el Oscar a mejor película. La decisión de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no debería sorprendernos pues la calidad de la obra es indudable.

By: Héctor García Ramírez

Parásitos ganó. Es la primera vez que una cinta que no está hablada en inglés se lleva el Oscar a mejor película. La decisión de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas no debería sorprendernos pues la calidad de la obra es indudable. Sin embargo, es oportuno reflexionar algunas cuestiones al respecto, a partir de las declaraciones que hizo hace unos días el cheeto más famoso del mundo: Donald Trump.

La semana pasada, durante un mitin de campaña en Colorado, el presidente del vecino país del norte se refirió así a la película de Bong Joon Ho “Qué malos fueron los Oscar este año. Y el ganador es… una película de Corea del Sur. ¿Qué diablos fue eso? Suficientes problemas tenemos con el comercio en Corea del Sur ¿y además les dan la mejor película del año?”; después añadió en el mismo discurso “’Estoy esperando que recuperemos algo, como ‘Lo que el viento se llevó’ ¿podemos recuperarla? ‘Sunset Boulevard’ hay tantas películas grandiosas… Pensé que era la mejor película extranjera, la mejor película extranjera. No, fue la mejor. ¿Había sucedido esto antes?”.

Las declaraciones del jefe de Estado no deben sorprendernos pues apelan al nacionalismo y xenofobia que constituyen las notas características de su discurso desde que se postuló para la presidencia hace cuatro años; menos aún porque las externó en un mitin de campaña y está claro que piensa repetir la fórmula discursiva que lo llevó a ganar las elecciones pasadas.

Pero cuando Trump se queja de que los Oscar fueron malos porque se le dio el galardón de mejor película a una cinta proveniente de un país con el que existen problemas comerciales, está evidenciando el carácter político e ideológico que juegan los premios de la Academia.

Todos estamos conscientes de que los Oscar son relevantes. A menudo en la propaganda de las películas se menciona si los actores o directores han recibido alguno. Comercialmente, se nos presenta como el evento en el que se premia a lo mejor del cine. No es necesario discutir si efectivamente la Academia condecora a lo mejor del séptimo arte, lo que quiero evidenciar es lo innegable de que los Oscar son mediática y comercialmente relevantes.

Partiendo de esa base, si cada año el premio a mejor película se lo lleva una cinta hablada en inglés, producida por los grandes estudios -con sus excepciones-, se está enviando el mensaje de que el mejor cine es anglosajón: se habla en la lengua de Shakespeare y lo producen empresas monstruosas que por lo general son estadounidenses.

La molestia de Trump -aunque quizá él no lo tenga tan claro-, radica en el hecho de que si una película coreana producida por completo en ese país, se rompa con ese mensaje de que lo mejor del cine se habla en inglés y se produce en su mayoría en Estados Unidos, lo que atenta contra la hegemonía del vecino país del norte.

Seguramente Trump hubiera preferido que ganara 1917, una historia sobre dos hombres blancos que cumplen con su deber y ayudan a ganar una guerra de la que se vieron beneficiados los Estados Unidos. Claro que esta lectura básica de 1917, pasa por alto que Sam Mendes, el director, es un crítico de los nacionalismos que tanto atraen al jefe de Estado.

Aunque el triunfo de Parásitos sí mella la hegemonía cultural de lo anglosajón, estoy seguro que, en las futuras emisiones de los Oscar, seguirán premiando películas de siempre, después de todo Hollywood es una industria que para sobrevivir y enriquecerse, depende en buena parte de la exportación de sus productos y de que dicha hegemonía se mantenga.

 

 

 

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