CinemaDude… El Baile De Los 41

Se cuenta que en la madrugada del 18 de noviembre de 1901, en el centro de la Ciudad de México, un policía escuchó ruidos que provenían de una casa

By: Héctor García Ramírez

Director: David Pablos

Año de estreno: 2020

Actúan: Alfonso Herrera, Mabel Cadena, Emiliano Zurita y Fernando Becerril

Se puede ver en cines con las medidas de seguridad correspondientes

Se cuenta que en la madrugada del 18 de noviembre de 1901, en el centro de la Ciudad de México, un policía escuchó ruidos que provenían de una casa. Al ingresar al lugar, descubrió una fiesta donde bailaba un grupo de parejas. Lo peculiar de los danzantes es que todos eran hombres, y la mitad de ellos usaban vestido. Las fuerzas irrumpieron y arrestaron a los asistentes, 41 en total, por faltas a la moral. Fue un escándalo. México, era -¿o es?- un país profundamente homofóbico. Los presos fueron humillados públicamente al ser obligados a barrer las calles y varios de ellos fueron incorporados forzosamente al ejército. En los días siguientes, las planas de la prensa se llenaron con notas relativas al suceso, incluso el célebre artista José Guadalupe Posada le dedicó uno de sus grabados. También se corrió el rumor de que en realidad, no eran 41 los caballeros que fueron sorprendidos en la fiesta, sino 42, y que el faltante era nada más y nada menos que el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, quien la había librado porque el dictador no estaba dispuesto a que un escándalo de esa naturaleza manchara su nombre.

Partiendo de ese rumor, El baile de los 41, tercer largometraje de David Pablos, narra la vida de Ignacio de la Torre y Mier, desde las vísperas de su boda con Amada, la primogénita del general Díaz, hasta los días que siguieron a la redada que puso fin al que se conoció como El club de los 41.

Fue un acierto elegir a Pablos como director. Ganador del Ariel por Las elegidas -véanla, está en Netflix- ha hecho su carrera dentro del cine independiente. Consciente del perfil comercial de El baile de los 41, el realizador opta por un ritmo menos lento que el de sus trabajos anteriores, y explosivo cuando es necesario.

La historia se centra mayormente en la relación de Ignacio (Alfonso Herrera) con Amada (Mabel Cadena). Ella sabe que la relación con su esposo no está bien. Él se ausenta constantemente, casi no llega a dormir y apenas si la toca. De la Torre no ama a su esposa, prefiere la compañía masculina, se ha enamorado de Evaristo Rivas (Emiliano Zurita), un abogado al que introducirá a un club secreto del cual él forma parte, donde los hombres pueden convivir a salvo de la homofobia de la época.

El matrimonio entre Ignacio y Amada existe porque es conveniente para la élite. Él es un rico heredero azucarero, ella la hija del presidente, pero no hay un amor mutuo. La unión refleja fielmente lo que fue el porfiriato: un juego de apariencias y simulaciones que proyectan algo que no es, una amor idílico en el primer caso, orden y progreso en el otro. Una ilusión endeble que en ninguno de los dos casos duró demasiado.

La película evita maniqueísmos. Ignacio vive una mentira, provocando sufrimiento a su esposa. Amada, quien descubre la homosexualidad de aquel, está dispuesta a chantajear a su marido para que permanezca junta a ella y le dé un hijo. Los roles de víctima y victimario irán intercambiándose entre ellos. La cinta tampoco se esmera demasiado en hacernos sentir simpatía por los miembros del club de los 42. Después de todo, la mayoría de ellos formaban parte de la élite que mantenía en la miseria a la mayor parte de los mexicanos. No obstante, en una de las secuencias finales nos harán ver que, pese a su condición privilegiada, no quedaron a salvo de sufrir las represalias del régimen por su condición de homosexuales.

Respecto a los actores, tanto Alfonso Herrera como Emiliano Zurita se desempeñan muy bien. Pero quien brilla con más fuerza en esta película es Mabel Cadena, quien nos entrega una de las mejores líneas de la cinta: al ser amenazada por Ignacio, la aguerrida Amada le contesta: “no te tengo miedo, nací en un campo de batalla”.

Bien contada, El baile de los 41 demuestra que se puede hacer cine de época comercial bien hecho, sin caer en diálogos cargados de información histórica. Vale la pena.

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