CinemaDude… Daniel Blake: El Retrato De Los Invisibles

La película empieza con un diálogo en off, escuchamos al protagonista, quien para que se determine si califica para un subsidio por incapacidad laboral, debe responder un cuestionario genérico que nada tiene que ver son su afección

By: Héctor García Ramírez

Título original: I, Daniel Blake

Título en México: Yo, Daniel Blake

Director: Ken Loach

Se puede ver en: Youtube, Netflix y Google Play

 

En 1879 Vincent Van Gogh, cuando aún trataba de averiguar qué iba a hacer de su vida, llegó como misionero a la zona minera de Borinage en Bélgica. Pronto quedó impresionado por las condiciones de miseria en que vivían los trabajadores, desarrollando una gran simpatía por ellos. Escribió a su hermano Theo: me sentiría feliz si un día pudiera dibujarlos, de modo que estos tipos todavía inéditos o casi inéditos fuesen sacados a luz. Y así fue, la vida de los obreros que conoció quedó congelada en algunas de sus primeras obras, como “Los comedores de patatas” o “Mujeres con sacos de carbón”.

Los mineros de Borinage estaban, en efecto, ocultos a la luz, material y socialmente. Por una parte, laboraban en el subsuelo, a varios cientos de metros de profundidad; y por otra, permanecían en el anonimato, hundidos en el abandono y la miseria. Al dibujarlos, Vincent los hizo visibles y dejó un retrato de sus vidas. El arte puede ser un poderoso medio para dirigir el ojo público a aquellos que son ignorados.

 

Cineasta comprometido con las causas sociales, Ken Loach ha sabido retratar con gran maestría la vida de los trabajadores no solo de su natal Inglaterra sino del mundo. Por citar algunos ejemplos, Riff-Raff, acerca de un grupo de obreros de la construcción que trabajan para un empresa que transforma edificios viejos en departamentos de lujo; Pan y Rosas, sobre la lucha de los conserjes en Los Ángeles por mejores condiciones laborales; y Yo, Daniel Blake, que retrata la vida de un carpintero inglés que, tras sufrir un infarto, tiene que recurrir a la asistencia social para sobrevivir.

La película empieza con un diálogo en off, escuchamos al protagonista, quien para que se determine si califica para un subsidio por incapacidad laboral, debe responder un cuestionario genérico que nada tiene que ver son su afección cardiaca “¿Puede caminar más de 50 metros sin la ayuda de otra persona?” “¿Alguna vez experimentó una falta de control intestinal que conlleve a evacuación considerable del vientre?” “¿Puede realizar una tarea simple como poner el despertador?”. Daniel protesta enfadado “¡Trato de decirle que el problema es mi corazón!”.

Un par de secuencias más tarde, vemos un ultrasonido, su doctora le dice que no puede volver a trabajar. Días después le niegan el subsidio, sin evaluación médica, unas preguntas de formato fueron bastantes. Puede presentar una apelación pero antes deberá agotar una tardadísima reconsideración administrativa. Para una persona que ha perdido su única fuente de ingresos, la espera equivale a la tortura. ¿Qué le queda? El subsidio por desempleo. Pero para seguir recibiéndolo, tiene que demostrar que está buscando trabajo. Deja algunos currículos y al poco tiempo lo buscan para contratarlo. Aunque quiere regresar a laborar, no puede hacerlo, su salud está en riesgo. Y así, un callejón sin salida.

Daniel se encuentra en un laberinto burocrático, en donde no es una persona sino un número más. Un mundo que funciona mediante procesos con opciones estandarizadas que en teoría son eficientes pero que se olvidan del ser humano concreto. Para sobrevivir se necesita influencia, paciencia e incluso conocimientos de informática, cosas que un obrero sexagenario no tiene. En un acto de desesperación, raya con aerosol en la pared exterior de la oficina de gobierno: “Yo, Daniel Blake, solicito mi apelación antes de que muera de hambre”. Ahora se ha vuelto visible. Un funcionario le reprocha “¿Pensó por un segundo en las consecuencias de lo que ha hecho?”. Irónico, ¿no?

En esta travesía, Blake conoce a Katie, una madre soltera con dos niños que se ve obligada a mudarse de ciudad porque el precio de la renta se volvió muy caro. Él se ofrece a hacer algunas reparaciones en la casa de la familia, y traba una relación amistad y de solidaridad con ellos. Hay que resaltar que el escritor de la cinta no cayó en el lugar común del viejo gruñón que, tras conocer gente joven, se vuelve gentil y aprende a abrir de nuevo su corazón. No, Daniel ayuda a las personas porque es amable. Es un tipo honesto que sólo quiere una vida digna mientras logra estar en condiciones de regresar a trabajar. Mención especial merece el gran papel que hace Dave Johns al encarnar al carpintero desempleado, con miradas logran transmitir poderosamente el sentir del protagonista.

¿Tu nos ayudaste? ¿Y por qué no te puedo ayudar? le dice la pequeña hija de Katie al protagonista. Esta frase fuertísima refleja muy bien lo que nos cuenta la película. Daniel trabajó toda su vida contribuyendo a la sociedad a la que pertenece, ahora ésta le da la espalda y deja de ayudarlo cuando más le necesita. Los personajes de ficción beben de la realidad para existir, las vicisitudes a las que se enfrenta Blake son el cotidiano para muchos que viven en el abandono. Así, el cine se vuelve una poderosa herramienta que permite dibujar sus vidas, retratar sus problemas y sacarlos a la luz.

 

 

 

 

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