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Recuperando la utopía: El lenguaje de la 4T

Escribe: Roberto Pantoja Arzola

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido un total enigma para su oposición en lo que va de su mandato. De forma inexplicable, y alejado de los cálculos a los que se sometían los anteriores mandatarios del país, el tabasqueño por ejemplo decide, exponerse diariamente a las conferencias matutinas pero también, de igual forma, envía iniciativas al congreso sabiendo que no cuenta con los votos necesarios para que estas prosperen.

¿Qué es lo que hace que López Obrador tome este tipo de determinaciones alejadas de la racionalidad política que imperó durante el régimen priista que gobernó al país por más de 70 años? Sin duda, el tabasqueño ha podido llevar a sus adversarios a un terreno en el que les exhibe y deja desnuda la ambición y los intereses que les mueven.

Al colocar en el debate de la agenda política nacional la urgente y necesaria reforma al poder judicial de la federación, lanzando ideas como el hecho de que los magistrados de la suprema corte de justicia sean electos a través del voto popular, lo que hace el presidente es atraer a la derecha a un terreno en el que su discurso se reduce a la defensa de privilegios y no al debate de ideas.

López Obrador ha logrado además que sus posturas que aparentemente han sido derrotadas en el terreno legislativo, se anclan a la lucha electoral de cara al 2024. Su apuesta es llevar a sus adversarios nuevamente un terreno en el que claramente están en desventaja: la lucha de las calles y de las urnas.

Luchador social forjado en la protesta y construido al fragor de la resistencia, el tabasqueño sabe que los días y las batallas que están por venir no pueden enfrentarse en la comodidad de un palacio, desde ahí se gobierna y se arenga pueblo, pero no se gana el futuro. En la elección en la que se definirá la sucesión presidencial no se enfrentarán dos candidatos, ahí están citados más bien dos proyectos de nación que tienen causas radicalmente opuestas.

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