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Política Entre Líneas… ¿En Qué Se Parecen Apatzingán Y Afganistán?

En el anecdotario político de Michoacán hay un episodio muy ocurrente que recuerdo de algunos años atrás, cuando fue el lamentable episodio de la caída de las Torres Gemelas en los Estados Unidos...

Por: Estrellita Fuentes Nava

En el anecdotario político de Michoacán hay un episodio muy ocurrente que recuerdo de algunos años atrás, cuando fue el lamentable episodio de la caída de las Torres Gemelas en los Estados Unidos; y el ex Presidente de aquel país, George Bush, lanzó la amenaza en contra de Al Qaeda. No faltó el chiste del alcalde de Apatzingán quien dijo que le iba a llamar por teléfono a Bush para aclararle que no habían sido ellos y que afinara bien su puntería. Es decir, quería asegurarse de que el mandatario norteamericano no confundiera a Apatzingán con Afganistán.

Veinte años después, Apatzingán, la región de Tierra Caliente, se acerca cada vez más en su parecido con el Medio Oriente. Por cierto, esto ya no es un chiste.  He aquí algunas analogías que yo le encuentro:

Hablando específicamente del caso de Afganistán, recordemos que los grupos talibanes fueron entrenados y equipados por los propios norteamericanos a razones geopolíticas, sólo que salieron más listos, y con esas mismas armas y expertise táctico corrieron a los gringos de su territorio, y recientemente se apoderaron de Kabul, la capital. Lo mismo ocurre en México. Es impensable que muchas de las armas con las que se mueven las células criminales de los cárteles ingresen al territorio mexicano sin el conocimiento de nuestro Ejército, que incluso ya tienen el control de las aduanas. De hecho tienen mejores armas que los policías locales, lo que los hace prácticamente invencibles. También muchas de las veces actúan bajo la complicidad y los intereses o alianzas de actores políticos de los tres órdenes de gobierno. No es novedad.

Por otra parte, tanto los talibanes como los grupos criminales mexicanos pasan por una suerte de adoctrinamiento enajenante, que les mata cualquier sensibilidad, para que así puedan convertirse ellos mismos en armas mortíferas y altamente efectivas. Los talibanes interpretando el Corán a su conveniencia para justificar sus medios y fines;  en Michoacán recordemos el culto de Los Caballeros Templarios que tenían toda una filosofía, y hasta un libro guía, rituales y símbolos que tenían que adoptarse a pie juntillas. De hecho la crueldad con la que matan los cárteles mexicanos ha sido catalogada como de las peores, por encima de los talibanes.

En Medio Oriente como en Apatzingán, los niños y jóvenes son reclutados bajo amenazas, en medio de condiciones de pobreza y la ausencia de un Estado que les garantice las oportunidades para encontrar un mejor medio de vida. Es decir, el abandono y la marginación han sido una condicionante y caldo de cultivo para que proliferen estos grupos extremistas. Y las mujeres en ambos casos son las que pagan la factura más cara: el feminicidio con un trasfondo de cárteles está al alza en México, y aún y cuando el Estado pueda revictimizar a las mujeres asesinadas, argumentando que quizás andarían en “malos pasos”, lo cierto es que hoy en México, las mujeres son secuestradas, violadas, ultrajadas y vistas como mercancía desechable para los cárteles. En el caso de las mujeres de Afganistán, la llegada de los talibanes a Kabul ha sido la peor noticia que pudieron recibir, porque sus derechos y libertades serán ahora aún más restringidos, y la muerte, ya sea a pedradas, balazos o latigazos, será plenamente justificado por el régimen Talibán.

Tanto Afganistán y Apatzingán (por decir Tierra Caliente), son territorios sin ley y ninguna autoridad ha podido meterlos en cintura. En el caso de Afganistán llegaron los rusos a querer controlarlos y los botaron; llegaron los chinos, y también los sacaron; los norteamericanos incursionaron y se quedaron por veinte años, y les fue como en feria, y se acaban de retirar. Para el lado michoacano, retomo la analogía que apuntó mi compañero Elly Castillo, en nuestro noticiero por radio “El Reporteo Changoonguero”: llegó Felipe Calderón, y no pudo controlar la región; Enrique Peña Nieto mandó a su comisionado Alfredo Castillo, y tampoco pudo tener el control; y ahora con el lema de la administración actual de “abrazos y no balazos”, menos se puede controlar.

Y por último, las dos zonas, aunque estén en polos opuestos, son territorios estratégicos: Afganistán por ser un enclave primordial para la estabilidad de Medio Oriente y su conexión con Asia; y por otra parte, Apatzingán y Tierra Caliente por ser rutas de paso para exportar materia prima también hacia Asia de manera clandestina (por su conexión con el Puerto de Lázaro Cárdenas), o para importar precursores para la fabricación de drogas provenientes de China. En suma, las dos regiones representan sumas millonarias en términos económicos, aún por encima del bienestar de sus pueblos, los Derechos Humanos y la vida de los inocentes. El problema va a ser que ya sea que los cárteles mexicanos de Tierra Caliente Michoacán, o los talibanes de Afganistán se empoderen aún más y sigan invadiendo y ampliando sus territorios, y todo se salga eventualmente de control. Digo, Morelia no está muy lejos de Uruapan y Apatzingán, por ejemplo.

Así que cuando pensemos que Afganistán es un caso muy distante para nosotros los michoacanos, hay que pensarlo dos veces. Si lo vemos bien, tal vez nos parecemos más de lo que nos imaginamos…

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