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La Cuarta Revolución… Por Amor aMorelia

En esta ocasión dejaremos de hablar de política en esta columna para hablar de un tema igualmente pasional, el fútbol. Literalmente de la noche a la mañana, Morelia se ha quedado sin una tradición de más de 70 años, una vida llena de historias, recuerdos, anécdotas, hazañas, pero sobre todo días y noches de felicidad para los morelianos.

By: Manuel Ochoa 

 

Para entender la pasión del fútbol a plenitud es necesario vivir la experiencia desde un estadio, la energía que se vive al interior recorre toda la piel que hace emocionar hasta al más parco de los aficionados. Vivir esa experiencia con familia, pareja, o amigos era aún más conmovedor, gritar un gol de tu equipo en cercanía de los tuyos y rodeado de decenas de miles de personas es sentirse vivo a plenitud.

Morelia pudo no haber sido el mejor equipo logrando campeonatos pero si uno de los más estables de la liga mexicana, con más clasificaciones a la liguilla que los denominados “grandes” Pumas, Cruz Azul, y Chivas.

Por Morelia han pasado jugadores internacionales históricos, mención aparte merecen Carlos Miloc y el Fantasma Figueroa, pero más importante aún, ha sido semillero de futbolistas profesionales morelianos y michoacanos como Moisés Muñoz, Miguel Ángel Fraga, Felipe Rodríguez, Luis Ángel Malagón, Elías Hernández, Carlos Guzman,  Heriberto Ramón Morales, Mario Ruíz, Omar Trujillo, Ángel Sepulveda, Rodolfo Vilchis, y el eterno y siempre querido por la afición, Carlos Adrián Morales.

Duele perder una de las tradiciones más bonitas de la ciudad, nunca olvidaré la primera vez que acudí al Estadio Morelos acompañado de mi papá y mi abuelo, jamás olvidaré aquellos cuartos de final 4-2 contra Chivas, con Reinaldo Navia y el Bofo Bautista como protagonistas, esa noche acudí con mi papá y mi hermana, una noche que ahora es un recuerdo inolvidable.

Cuando Monarcas estuvo al borde del descenso, la afición se volcó en apoyo a su equipo, cada 15 días estadio lleno, incluso contra equipos inimaginables como Veracruz o Puebla, esa temporada fue única y espectacular, hasta el último aliento.

Quien ha ido al estadio sabe la felicidad que genera en los aficionados una victoria de Morelia, también sabe la cantidad de empleos que dependen del equipo, desde la familia entera que cuida carros al exterior, pasando por los taquilleros, los vendedores de tortas de carnitas y cerveza, los acomodadores, los churreros, el personal de logística del estadio, el equipo de animación, el equipo de sonido e iluminación, los jardineros, los utileros, el chofer del autobús, el personal administrativo, los entrenadores de Fuerzas Básicas, llegando hasta don Marcos, mejor conocido como “el semillas”.

El abandono del equipo de Morelia será un antes y un después para la ciudad, en una ciudad que ha sufrido los estragos de la violencia, de la corrupción eterna de quien la ha Presidido, de las mafias que controlan el transporte público, una ciudad ansiosa de historias de éxito, de victorias, de alegría, de felicidad.

Monarcas Morelia era mucho más que un equipo de fútbol, era una tradición que formaba parte de nuestras vidas, que nació con nuestros bisabuelos, y fue heredada por abuelos, padres, hasta llegar a nosotros, como hijos de Juan Colorado.

Son muchas historias y recuerdos que cada uno de nosotros tiene, algunos del momento cumbre en el frío invierno del 2000 donde se logró el campeonato, otros del mágico y milagroso gol de Ruidíaz que nos salvó del descenso en los últimos minutos, otros recordarán el momento más bochornoso de la liga mexicana en la semifinal contra el América en el estadio Azteca cuando hicieron regresar a nuestro equipo de los vestidores para tirar penales, cuando ellos se creían ya clasificados a la final.

Así, de tajo, intereses políticos y económicos, más los primeros que los segundos, le han arrebatado a Morelia su historia, tradición, y pasión. ¿Qué pasaría por la mente de Doña Chonita, el Mago, Nicandro Ortiz o la Tota Carbajal en estos momentos?

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Probablemente sea una oportunidad para construir algo nuevo de raíz, que nos regrese a los orígenes de los ates y los canarios del Morelia, de aquel equipo austero que llegó a niveles inimaginables por la audacia e inteligencia de Nicandro Ortiz y la Tota Carbajal, con un manejo del equipo cercano a los valores de nuestra ciudad. Por lo pronto, nos quedaremos con todos esos recuerdos, hasta el último aliento, que se han transformado en parte de nuestras vidas.

Por amor aMORelia nos despedimos de un equipo que nos hizo soñar, que nos dio tristezas y alegrías, pero sobre todo que nos emocionó al grado de hacernos sentir vivos en un mundo cada vez más acostumbrado a una normalidad sin sentimientos. Ese fue Monarcas Morelia.

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