SOFTNEWS

Los rebeldes 14… ¿Qué no podrás hacer tú?

By: Itzia Ramos

ITZIA

Uno de mis primeros (y más queridos) recuerdos, es de mi padre cantándome al dormir. Siempre he dicho que esta es una de las razones que más influenciaron la persona que soy ahora.

Tal vez para este momento se hayan dado cuenta que mis intereses suelen relacionarse de alguna manera con el arte. He pasado por el dibujo, la danza, la escritura, la pintura, la fotografía y la música, y cada una de esas disciplinas me ha dejado con algo diferente. Sin embargo, la música ha sido la más constante: puedo fácilmente resumir mi vida en la evolución de los géneros que he escuchado.

Más importante, la música me dio algo que muy pocas cosas me han dado: me enseñó a confiar en mí misma.

Soy una persona muy necia, lo admito. Y por años, mi padre insistió e insistió a que aprendiera a tocar la guitarra. Mi respuesta era que eso no era lo mío; ¿cómo iba yo a coordinarme de esa manera? ¡Si soy la persona más torpe del planeta!

Pasé mucho tiempo negándome mi capacidad. En retrospectiva, encuentro que no fue la única ocasión… era yo la primera rompiendo oportunidades, sin siquiera considerarlas.

A los 13 años, encontré a una banda llamada twenty one pilots. El vocalista usa un ukelele, que es un instrumento de cuatro cuerdas con afinación más dulce que la guitarra, y desde el momento en el que lo vi supe que quería intentar. Mis papás no estaban tan convencidos: esa cosita era tan rara que ni clases había. Yo les aseguré que encontraría la manera de aprender.

Así que después de muchos dulces vendidos a compañerxs de clase, junté el dinero y lo compré.

Ese instrumento cambió mi vida. Las primeras semanas me las pasé día y noche tocando en mi cuarto, absorbiendo este nuevo mundo como una esponja. Sé que muchas personas cercanas a mí aseguraron que mi afición no duraría, conociéndome… y sé que en otras circunstancias eso me habría desanimado enormemente, pero esta vez no fue así.

¿Qué pasó?

Confíe en mí.

Mi papá dice que aprendí rápido. No sé si tenga razón, pero sí sé que fue la primera vez que aprendí algo completamente por mis medios (cof, tutoriales de youtube y blogs, cof)

Tomé el coraje suficiente, incluso, para llevarlo a la escuela y tocar y cantar por los pasillos en receso. Hice dos o tres amigos gracias a él. ¡Incluso, dos personas me confesaron que habían comenzado a tocarlo por lo divertida que me veían al hacerlo!

Y sí, después siguió la guitarra, que a mi parecer es aún más divertida. Fue con este instrumento que también comencé a tomar confianza de mi voz, y me impulsó para entrar al coro de la escuela.

Todo por ese recuerdo de mi padre.

A veces, podemos pensar que el mundo está en nuestra contra, pero en realidad somos nosotros los primeros en ponernos un alto. No es necesario ser narcisista para enorgullecerse de nuestros logros, ¡porque sí valen! Y es injusto que los hagamos menos, a veces por miedo a lo que las demás personas pensarán.

Por eso, hoy te invito a que te enorgullezcas de ti mismx. Enserio, tal vez casi nadie te lo diga, ¡pero debes de ser una persona genial! O si no, piensa en todas esas veces que le probaste al mundo (y a ti) que sí podías, que sí puedes, aunque nadie hubiera creído en lo que hacías.

Así que ve, intenta hacer eso que llevas años inventando excusas para no hacer, pero muy adentro sabes que quieres. ¿Qué importa si te equivocas? Por lo menos tendrás la certeza de que intentaste.

Muchas personas me han dicho “Nunca dejes que nadie te arrebate tus sueños.” En mi experiencia, queda mejor cambiarlo a “Nunca te arrebates tus sueños.” O piensa en eso que en algún momento quisiste con tanta intensidad hacer, con ese amor por algo que te consume y te llena de felicidad… y le dejaste ir.

Bueno, si yo esperé nueve años para agarrar una guitarra, empezando mucho tiempo después de haberme rendido… ¿qué no podrás hacer tú?

Itzia Ramos, próxima estudiante de preparatoria. Ferviente defensora de la libertad y los tacos con piña. Escribe poesía en sus tiempos libres.

 

 

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba