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Catalunya no es España // By Marco Ballesteros

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Por Marco Ballesteros

A grandes rasgos, la filosofía y pensamiento político con el que construyeron los gobiernos nacionales representativos de Occidente expresa fundamentalmente que el Estado se construye a partir de la asociación voluntaria de la sociedad o comunidad política a las órdenes del gobierno. Los agremiados, delegan el poder a una clase gobernante y renuncian a él a cambio de que se le otorguen garantías o derechos, colectivos o individuales, para vivir en paz y armonía; de manera que esta relación entre gobernantes y gobernados está sustentada por un pacto o consenso general que determina la construcción del Estado y sus instituciones, así como la elaboración de leyes y normas de convivencia social que permiten preservar la forma de gobierno y a la sociedad misma.

Cuando una de las partes involucradas, gobernantes y/o gobernados, no quedan satisfechos con la forma de gobierno o con las reglas estipuladas en el contrato social, puede naturalmente y por derecho propio, romperse el pacto para generar otro que atienda al bien común, o mejor dicho a las necesidades y demandas sociales. Es ahí cuando el gobierno puede: a) reformarse medularmente; b) generarse la autonomía regional manteniéndose la unión al país, pero con la elección de gobiernos y sistemas económicos separados del gobierno central; o c) la independencia de cierta región para convertirse en una entidad política autónoma, soberana, libre e independiente. Básicamente, estas reglas son las que se siguen desde hace al menos cuatrocientos años para la construcción de los Estados nacionales.

Abordo el caso porque este domingo 1 de octubre se celebra el referéndum catalán, donde los ciudadanos de esa región consultan y votan por la permanencia o separación de Catalunya de España. El problema y discusión en cuestión es tan viejo como el Imperio Español y para entender el problema es necesario dimensionarlo históricamente.

Catalunya actualmente es una de las diecisiete regiones autónomas de España con lengua y tradiciones propias. Perteneciente en el siglo XVI al reino de Aragón, compuesto si no me falla la memoria por las actuales provincias de Aragón, Catalunya y la comunidad Valenciana se unieron al imperio ante la unificación de las Españas con los reyes católicos, tras más de ochocientos años de ocupación musulmana.

Los aglutinantes del Imperio fueron básicamente “España una sola, por el Rey y la religión católica”. De manera que al conquistarse la América Hispana y Heredar Carlos I los territorios actuales de Alemania, Holanda, Bélgica, el Norte de Italia, Sicilia, más los territorios africanos y asíaticos, España se convirtió en el imperio donde nunca se ponía el sol, con riquezas exorbitantes y una administración desarticulada a razón de las distancias y amplitud territorial que impedían controlar los vastos dominios. Las leyes, se acataban, pero no se cumplían, cada territorio pudo establecer sus usos y costumbres, por lo tanto, si consideramos estas autonomías de facto y la poca pericia de la Corona para controlar efectivamente a sus reinos y riquezas, históricamente el único motivo de la unión imperial fue, el Rey, la religión y el castellano.

Todo esto ocasionó en Catalunya diversas revueltas para buscar defender sus derechos territoriales desde el siglo XVI las cuales fueron suprimidas; a pesar de eso se fortaleció la identidad, lenguaje y costumbres regionales. Se acataban las disposiciones reales, pero se cumplían a medias, como en todas las latitudes del destartalado imperio.

La unión durante los siglos siguientes fue por las razones expuestas, la religión, el Rey y la lengua, pero con la dictadura franquista se llegó a momentos críticos pues la autonomía, costumbres locales quedaron suprimidos a la par de los intentos republicanos promovidos sobre todo en el noreste de la península. Los catalanes tenían sólo como único estandarte para defender su derecho autonomista el futbol, el Fútbol Club Barcelona creó la rivalidad más importante del mundo ante el equipo de la dictadura y el Rey, el Real Madrid.

La muerte de Franco, significó el regreso a la democracia en 1978 así como al fortalecimiento del espíritu regional en la gran parte de las provincias de España. Catalunya, poco a poco recuperó su poder político, cultural y económico, tanto así que produce, a pesar de las restricciones de Madrid, poco más del 40% del PIB de toda la nación, tuvo los juegos olímpicos de Barcelona en 1992 y comenzó a construirse este equipo de ensueño de la mano de Johann Cruyff cuando se ganó la primera copa europea de clubes, ahora denominada UEFA Champions League.

Todo iba muy bien, hasta que en 2008 el sistema económico de la Unión Europea empezó a dar de sí y repercutió en España, mal administrada como siempre por Madrid, lo cual generó que la idea de independencia ganase fuerza y popularidad. En las elecciones de 2015 una coalición política prometió impulsar el referéndum, ganaron los comicios y contra la constitución española se aprobó y dio pie al referéndum vinculante efectuado este domingo 1 de octubre. Desde hace dos años, el gobierno español ha hecho todo lo necesario para impedir que los ciudadanos salgan a las urnas y manifiesten sus intenciones independentistas, incluso con la fuerza pública, al momento pasan de cuatrocientos heridos extraoficialmente. Los unionistas señalan que el referéndum es ilegal pues atenta contra la constitución y normas establecidas, mientras que los separatistas expresan que están en su derecho de ejercer democráticamente un voto que atienda a expresar los deseos de la comunidad.

Aquí nos preguntaremos entonces ¿quién pierde, España o Catalunya? Desde la perspectiva económica, España pierde el puerto más importante del mediterráneo y cerca de la mitad de la producción de riqueza nacional al independizarse la zona más rica de la península.

Catalunya, podría enfrentar toda la represión del gobierno central para evitar la separación de la provincia; se enfrentaría a la comunidad europea y sería difícil reconocer su independencia pues España como aliado de la comunidad le dificultaría cualquier incursión a la Unión Europea. Los catalanes no podrían trabajar o residir en España como ciudadanos extranjeros; además podrían quedar restringidos para utilizar el Euro si no se les acepta en la mancomunidad europea, sobre todo como un mecanismo para evitar el separatismo en los países europeos, que es latente en muchas zonas; también perder inversionistas europeos, así como perder independencia y aliados en materia económica, pues al no pertenecer a la Unión sus productos serían gravados con altos aranceles.

La liga española pierde la rivalidad más importante del fútbol mundial al no permitir la Real Federación Española de Fútbol no permitir equipos de otros países en su liga. El FC Barcelona ganaría al potencialmente sumarse a la Premier League, la liga más atractiva y competitiva del mundo, que alberga equipos de Gales, ganamos los aficionados al fútbol; por su parte Espanyol, Girona y Tarragona, podrían sumarse a las ligas británicas inferiores, a la League Un francesa o a la Serie A TIM italiana.

Pero sobre todo, pierden todos, puesto que el uso de la violencia en el primer mundo se ha hecho posible esta mañana de domingo y se pone en evidencia que los gobiernos actuales temen y repelerán a toda costa los intentos de cambio y unión civil para lograr un gobierno más justo; sí señores, no sólo en los países desarrollados se sufre de represión, también llueve en el paraíso. Si las cosas marchan como aparentemente van encaminadas, a la independencia, Catalunya lo lograría, como México y toda América latina, muy a la española; y la  historia se repite, como en aquellas épocas de 1821.

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