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Ley anticorrupción vs cosmovisión de la tranza// By @virila2

Es periodista y ha trabajado en diversos medios escritos y electrónicos desde 1999.  Es especialista en Derecho de la  Información. Realiza investigación en  temas de Libertad de expresión y otros derechos de la personalidad en el ámbito de las TICs.
Es periodista y ha trabajado en diversos medios escritos y electrónicos desde 1999.
Es especialista en Derecho de la Información. Realiza investigación en temas de Libertad de expresión y otros derechos de la personalidad en el ámbito de las TICs.

Por Viridiana López

El Sistema Nacional Anticorrupción que recientemente fue aprobado en el Congreso de la Unión, es la respuesta del Estado a los escándalos de corrupción, nepotismo e impunidad que diariamente salen a la luz pública desde el municipio más pequeño hasta el gobierno de la República. Pero normar éste tipo de actitudes, no será suficiente para combatir la corrupción.

Más allá del reclamo social para poner fin a la corruptela que mancha el sistema mexicano de gobierno, la ley aprobada es la solución que ofrece el Estado a la comunidad internacional que ha criticado, cuestionado y puesto a nuestro país en la mira por una serie de escándalos que parecen escenas de una película de Tarantino.

Ante el resto de las naciones, México da el mensaje de combatir la deshonestidad de la clase política, gobernante, sindical y empresarial, no obstante, un sistema legal no será suficiente para poner fin a estas acciones tan arraigadas en nuestra sociedad.

Por lo menos, en broma o en serio, alguien ha pronunciado el dicho “el que no tranza no avanza”, un dicho que refleja muy claramente la cosmovisión del mexicano para trascender en sociedad, y hacer frente a los complejos de inferioridad. Nuestra sociedad reconoce más a quien goza de posición económica que a una persona que goza de conocimiento y cultura.

Efectivamente con el sistema anticorrupción, los mexicanos podremos tener mayor información sobre del destino de los recursos públicos de los tres niveles de gobierno, así como de sindicatos, partidos políticos y hasta particulares, pero una norma solo por existir no es suficiente para combatir la corrupción.

El Estado y los ciudadanos deben hacer un pacto para cambiar actitudes, asumir principios éticos y sobre todo implementar una estrategia de educación cívica que realmente transforme esta cosmovisión de: “dime cuánto tienes y te diré cuánto vales” (haiga sido como haiga sido, eso es secundario…), porque de lo contrario ni ésta ni otras tantas leyes podrán poner fin a la corrupción en México.

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